Los diez marineros del velero español 'Movistar' han compartido durante veinte horas la desolación que acompaña a los tripulantes del barco holandés 'ABN AMRO 2'. El pasado día 17 perdieron a su navegante, Hans Horrevoets, arrebatado por una ola que barrió la cubierta. Cuando, una hora después, pudieron izarlo a bordo estaba ya muerto, ahogado boca abajo en las frías aguas del Atlántico (14 grados).
Desde ese día, el cuerpo de Hans, un marino profesional obsesionado por la seguridad, ha viajado en un compartimento del barco, cubierto con su saco, a la espera de ser trasladado hasta Terjeijden (Holanda) para ser enterrado. «Hans era uno de los nuestros. Durante 20 horas hemos compartido con sus compañeros esa situación dramática, charlando con ellos. Tratamos de quitarle hierro al asunto para no aumentar la tristeza», resumía Fernando Echávarri, cántabro de 33 años que, junto a Pepe Ribes, componen la representación española en el 'Movistar' en esta séptima etapa, la travesía del Atlántico entre Baltimore y Portsmouth.
Lo cierto es que, sin quererlo, los destinos de los dos barcos han estado irreversiblemente unidos desde el accidente de Horrevoets. Nada más darse la voz de ¿hombre al agua!, el patrón del 'Movistar', Bouwe Bekking, decidió poner rumbo a la zona de la desaparición para colaborar en las tareas de rescate. En la maniobra de aproximación sufrió una rotura en la vela mayor y, horas después, el rescatador se convirtió en rescatado. Por la vía de agua abierta en el casco, en la zona de unión de la quilla pivotante, no paraba de entrar agua y, para más inri, la previsión meteorológica anunciaba la llegada de una borrasca con vientos de 50 nudos y olas de hasta 10 metros. «Dejar el barco fue un 'shock'», apuntaba Echávarri por teléfono, ya en tierra.
Los dos barcos navegaban separados por 50 ó 60 millas de distancia. El 'ABN', velando por sus compañeros de flota en apuros. «Íbamos al límite, con las bombas de achique a tope. El tiempo iba a empeorar y, a la mínima, podía abrirse más el casco», apunta el navegante cántabro. Pasaban las horas y la gente del 'ABN' instó al 'Movistar' a tomar una decisión: o enfrentaban el temporal con sus medios o abandonaban el velero. Una decisión terrible para un marino como Bekking, para cualquier marino. «Dudamos. Pero estábamos fuera de la zona de rescate de los helicópteros y un barco hubiera tardado mucho en llegar hasta nuestra posición».
Calma entre borrascas
Así que arrojaron al mar los contenedores de las dos balsas salvavidas, estibaron comida y algo de ropa seca e iniciaron la evacuación, aprovechando un momento de calma entre el tren de borrascas. «Debieron abandonar el barco porque el 'ABN AMRO' se estaba poniendo también en peligro por culpa de la tormenta», precisó ayer Mariano García Viana, de Telefónica Móviles. Antes de pasar al otro velero, los españoles comunicaron la posición del derrelicto a las autoridades navales para que advirtieran del peligro de un barco sin gobierno a 300 millas del Cabo Lizard.
Diecinueve hombres mojados se apretujaron en el incómodo velero, con sus trajes de agua, dispuestos a cubrir juntos las 300 millas que aún les separaban de la costa de Cornualles. En la mañana de ayer, se acercaron a las costas británicas escoltados por el navío 'Fishery Protection'. Dos de sus embarcaciones neumáticas trasladaron a los hombres del 'Movistar' hasta la costa. Pusieron tierra en Falmouth Bay, en la ensenada del río Helford, a las 9.35 horas. «Llegar a tierra sin tu barco es una sensación terrible, terrible», declaró ayer a EL CORREO Fernando Echávarri mientras se reunía con su familia en Portsmouth.
Fragata al encuentro
A las 10 de la mañana y entre la bruma del Solent, los marineros del 'ABN' vieron destacarse la silueta, gigante y gris, de la fragata holandesa 'HNLMS Van Galen'. El patrón Sebastien Jossé y sus hombres guardaron un minuto de silencio, cargaron por última vez con el cuerpo de su compañero y lo depositaron en una embarcación auxiliar. Una vez con el cadáver a bordo, el buque de guerra (que se encontraba realizando seis semanas de ejercicios con buques de la Navy) puso rumbo a Holanda y el velero se reincorporó a la regata, como hubiera sido el deseo de Hans Horrevoets. Hoy, los responsables del velero holandés explicarán las circunstancias en que se produjo la muerte de su navegante.
Los tripulantes del 'Movistar' consideran que el velero podría haberse ido ya a pique pese a que las bombas de achique quedaron a pleno funcionamiento y el generador del barco tenía aún una autonomía de 80 horas. La señal de Inmarsat Sacom C dejó de recibirse en la tarde ayer. La última posición conocida era 48º 42.56 Oeste y 13º 26.16 Norte.
El barco, diseñado por el gabinete del arquitecto neozelandés Bruce Farr, sufrió una vía de agua en el Pacífico Sur que le obligó a refugiarse en Ushuaia. Con anterioridad, y tras chocar con un objeto no identificado, el velero sufrió la rotura de uno de sus timones y daños en el casco. Los cuatro barcos de Farr que participan en la Volvo Ocean Race han tenido problemas. Pero ayer, los marineros del 'Movistar', tras tomar la primera ducha en diez días y comer caliente por primera vez desde que dejaron la costa americana, tenían bastante. Fernando Echávarri lo resumió con la rapidez de una centella: «Estamos tristes, pero vivos».