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Martes, 23 de mayo de 2006
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La UE asume el signo de la consulta pero avisa que la adhesión no será más fácil
La Unión aceptó la votación debido a que la convivencia entre serbios y montenegrinos fue un experimento
La UE asume el signo de la consulta pero avisa que la adhesión no será más fácil
Una joven baila en Podgorica para celebrar el triunfo del 'sí'. / AP
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La Unión Europea asumirá los resultados del referéndum montenegrino, pero la aspiración subyacente en el voto de los secesionistas -adherirse a la Europa comunitaria con menos dificultades que de la mano de los serbios-, no es un objetivo que se encuentre a su alcance. Ni de la suya ni, muy probablemente, de la propia UE, cuyos modelos de cohesión interna y de expansión se encuentran sometidos a un profundo cuestionamiento.

A la Europa comunitaria, una Montenegro independiente de Serbia no le gustaba, pero se sabía llamada a transigir con esa situación en el caso de que llegara a producirse. Tras el dictamen del constitucionalista Robert Badinter, reconociendo el derecho de las repúblicas que constituían la ex Yugoslavia a escoger libremente su camino, Bruselas sabía que la convivencia entre serbios y montenegrinos era un experimento dictado por las necesidades que resultaban de la desastrosa experiencia de las guerras emprendidas por Milosevic.

Montenegro aceptó ese vínculo con Serbia en 2002, entre otras cosas porque la Unión se lo pidió. Se trataba de ver si la convivencia era posible, pero la Constitución serbomontenegrina, que establecía un Estado de raíces muy tenues, contemplaba el referéndum para la secesión ordenada de la pequeña república en el caso de que así lo decidiera la población en consulta libremente convocada y efectuada en paz.

La UE no ha sido, por lo tanto, ajena a la votación del domingo. Cuando Dujanovic planteó el referéndum, la Unión le exigió que fuera consensuado con la oposición. Pero determinó bastante más, porque ha definido la pregunta de la consulta, las condiciones de la campaña electoral, el acceso de las partes a los medios de comunicación y los umbrales (de participación y de votos) para que fuera convalidada.

Los umbrales, en particular, fueron muy medidos. El resultado del 55,4% a favor de la secesión cuando el margen mínimo estaba definido en el 55%, demuestra hasta qué punto la UE era consciente de la realidad política y social de Montenegro. En el Consejo de Ministros comunitarios no se considera que el 55,4% de votos a favor de la secesión sea «poco más que la mitad más uno».

Proceso tutelado

Europa ha tutelado, más o menos a disgusto, el proceso de secesión de Montenegro, pero la incorporación de la pequeña república al proyecto común requiere tiempo. Portavoces de la Comisión reconocían ayer que habrá que negociar primero un acuerdo de estabilización, que conduciría, nadie sabe cuándo, a la adhesión. Los montenegrinos pretenden conseguirlo poco después de Croacia, pero en el Consejo de ayer tal pretensión era tachada poco menos de fantasiosa. Montenegro es un Estado casi ficticio y su economía poco más que un intangible.

La gran interrogante que se abre ahora es el impacto que supondrá la votación del domingo para Kosovo, la provincia serbia de mayoría albanesa bajo administración internacional que jamás ha existido como Estado, pero que reclama la independencia, y cuyo estatuto final se encuentra en plena negociación.



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