El único cara a cara entre los dos aspirantes en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú del 4 junio, el socialdemócrata Alan García y el nacionalista Ollanta Humala, se convirtió en un duro cruce de acusaciones. Los dos candidatos habían acordado debatir sobre derechos humanos, economía, política social, descentralización y seguridad ciudadana. Los tocaron, pero intercalados con recriminaciones. «Queremos un país que impida el autoritarismo, la verticalidad y el abuso», dijo el candidato del tradicional APRA.
Humala atacó recordando que el ex mandatario dejó un país sumido en una profunda crisis económica y con la guerrilla de Sendero Luminoso en auge. «Deseamos olvidar el pasado, por eso queremos una Asamblea Constituyente, para consolidar un país nacionalista, que rescate los recursos del Estado y los ponga al servicio del pueblo», afirmó el antiguo militar.
García no se quedó atrás. Recordó que Vladimiro Montesinos, ex asesor de Fujimori, aseguró que en 2000 el alzamiento de Humala pretendía desviar la atención sobre ellos y permitir su huida. «Dejó libre a Montesinos con un semilevantamiento», dijo. Humala contestó que «sólo el poder judicial puede decidir eso. Ahí se ve la semilla del autoritarismo al estilo de Hugo Chávez», tratando de separar su imagen de la del mandatario venezolano, quién, según sus oponentes, financia su campaña.
De hecho, García insistió en asociar a Humala con Chávez y con el presidente boliviano Evo Morales.