Hace un año, el mundo científico se revolucionaba con el anuncio en la prestigiosa revista 'Science' del magnífico logro de un investigador coreano. Woo Suk Hwang aseguraba haber creado embriones humanos mediante clonación y haber obtenido a partir de ellos células madre. Meses después, en diciembre, el científico dimitía al descubrirse que su investigación era un fraude y 'Science' se veía obligada a pedir disculpas. Juan Carlos López es editor jefe de otra de las grandes revistas científicas, 'Nature Medicine', y hoy está en Bilbao invitado por el CIC Biogune para ofrecer -en la sede de la Fundación BBVA, en Gran Vía 12, a las 19.30- una charla sobre el presente y el futuro de la medicina molecular.
-¿Ha hecho este caso que la gente desconfíe de científicos y revistas?
-Hay una tendencia a criticar a los científicos, a los que dan dinero, a las revistas... Dicen: «Hubo fraude y pudieron haber hecho más», pero hay que saber si realmente pudimos hacer más. Desde entonces discutimos en la revista cómo tratar de evitar estas cosas. Podemos detectar si alguien ha manipulado una imagen para que parezca lo que no es, pero todo esto es difícil.
-¿Cómo funcionará ese control?
-Aún no sabemos bien cómo. La mayor parte del tiempo se nos va en decidir si lo que nos envían es un avance importante, si a la gente le va a interesar. Hasta ahora, todo lo hemos hecho partiendo de la base de que los científicos no tienen por qué engañarnos, pero vamos a tener que preocuparnos también de esto. Algo haremos, pero yo creo que no vamos a pillar a muchos. Los científicos saben que si publican algo que no está bien, su comunidad va a enterarse. En realidad, no es normal mentir. La gente está haciendo un gran esfuerzo en descubrir casos, hay investigadores y periodistas que nos escriben y dicen que sospechan que algo está mal. Como se descubrió lo del coreano... Quizá estamos presionando de más, se ha puesto de moda descubrir las mentiras de los científicos.
-Los investigadores se pegarán por salir en 'Nature Medicine'.
-Pues sí.
-¿Cuántos artículos les llegan?
-Entre 270 y 300 mensuales. Y publicamos sólo 12, es decir, el 5%.
-¿Con qué criterios los eligen?
-Que el tema sea novedoso. Que haya datos en personas o animales. Que sea relevante para alguna enfermedad humana, porque el cáncer se ha curado ya en ratones, pero ¿sirve para humanos? Que haya datos para interpretar el mecanismo molecular, porque recibimos artículos sobre el té verde para la artritis y se ve que funciona, pero no dicen cómo lo hace.
-Seguro que hay algún investigador que lleva años insistiendo y que aún no ha conseguido publicar.
-Muchos. Hay uno chino que nos envía muchos artículos y a veces pone de autores a gente que no tiene nada que ver. Luego nos escribe a título personal dándonos las gracias y diciendo «ya veremos en el futuro». Después nos lo vuelve a enviar con fotos de su familia y regalos, pero no en plan de soborno. En Navidad nos mandó una coleción de monedas chinas, postales, felicitaciones...
Religión versus ciencia
-Esta tarde hablará usted del presente y futuro de la medicina molecular. ¿En qué momento estamos?
-Con células madre, hay líneas diferentes. La primera es utilizarlas para la medicina regenerativa, convertir células madre en células de los diferentes órganos del cuerpo. Así, uno sería capaz de reemplazar, por ejemplo, el páncreas. Desafortunadamente, estamos bastante lejos de conseguirlo, de entender la biología de las células madre, de saber diferenciarlas y de estabilizarlas para que no desarrollen tumores.
-¿Y la segunda?
-Usar las células madre para estudiar enfermedades del hombre a partir del tejido humano propio. Por ejemplo, vencer el Alzheimer es difícil porque es una enfermedad cerebral y se experimenta con animales, pero los animales no tienen exactamente Alzheimer. Y es muy difícil obtener tejido del cerebro humano. Entonces se quiere usar células madre para la clonación terapéutica: meter el núcleo de una célula ya diferenciada en un huevo y convertirla en célula cerebral. Lo que se pretende no es regenerar el tejido para trasplantarlo, sino obtener tejido del propio paciente para estudiarlo. Esto no genera tantos problemas éticos como otras cosas, aunque hay algunos que también se molestan, porque en cuanto empiezas a nombrar embriones no quieren saber nada.
-¿Le suena Ramón Sampedro?
-Sí, claro.
-Ahora hemos tenido un caso similar con un pentapléjico. La misma mentalidad que impide la investigación con celúlas madre embrionarias es también la que niega la eutanasia. ¿Ha frenado esta forma de pensar el desarrollo de la ciencia?
-Al margen de que haya gente más conservadora y que esté en contra de la investigación con embriones, de la eutanasia, del aborto... lo cual me parece respetable, la realidad es que eso no ha sido un freno para el desarrollo científico en EE UU o Europa, porque las cuestiones que tienen connotación religiosa se han mantenido al margen de las decisiones y de la política. En el momento de tomar decisiones, los gobiernos han tomado una actitud de futuro. Pero a veces la religión afecta a la toma de decisiones, y el caso más notable es el de EE UU. Aunque incluso aquí se sigue investigando porque hay formas de no depender del dinero federal.
-Hable de la posibilidad de curar lesiones medulares.
-Hay un grupo en China que está haciendo este tipo de trabajo y ellos dicen que han metido células madre en la médula espinal de gente con parálisis consiguiendo mejoras. Pero no han publicado estos trabajos. Pude ver alguno y tenía problemas en la medición de la mejoría. No hablaban de recuperar fuerza, movilidad, sensación. Faltaba rigor experimental. Ahora, en dos o tres años sabremos si las investigaciones funcionan.
Superstición científica
-Falta el gran acelerón.
-Hay interés, pero las cosas no van como quieren. Hasta lo de Corea, la gente estaba ilusionada, pero existe esa preocupación de pensar: «¿Y si las células madre embrionarias humanas no saben hacer lo mismo que las de los ratones?». Hasta que alguien no lo consiga...
-Pero... ¿sería posible que, después de tanta ilusión, las células madre no fueran una solución?
-Es posible, aunque eso es lo que se llama en Ciencia un dato negativo. No funcionó, pero si no funcionó es porque quizás no supiste hacerlo. Y lo que tiene la Ciencia es que somos supersticiosos. Lo peor que a uno le puede pasar cuando inicia un proyecto es que te salga bien al principio y luego empiece a no salir, y sigues intentándolo hasta que se te acaba el dinero. Es la superstición de los científicos, y no lo digo como crítica, sino para explicar que la Ciencia tiene su lado humano.
-¿Hay alguna otra línea de investigación similar en importancia a las células madre de la que no tengamos conocimiento?
-Los RNA (ácidos ribonucléicos) de interferencia, que regulan la expresión de otros genes. Se han conseguido algunos éxitos, por ejemplo, contra el SRAS, la neumonía asiática, que mató a tanta gente. Han curado a monos.
-¿Cuál será el próximo gran descubrimiento que publicará?
-Hay pocas cosas que sean grandes descubrimientos, y cuando sucede no te enteras hasta después. El ARN de interferencia se empieza a usar ahora de forma terapéutica, pero cuando se publicó, quedó ahí. Y no me extrañaría que a ese científico le dieran el Nobel.