-Todo el mundo habla de las células madre. ¿La sabiduría popular está transmitiendo falsedades?
-Desde el punto de vista más estricto, sí, cuando se dice que estamos a punto de curar tal enfermedad, pero ése es un juicio un tanto severo, porque la gente quiere esperanza y pensar que se va a beneficiar de ciertas cosas me parece muy normal. Si uno le dice al paciente «oye, todavía falta mucho tiempo», o «no creo que te vayas a beneficiar de eso» puedes darles amargura o desprecio por la investigación. Es mejor tener optimismo, los científicos siguen trabajando.
-Estamos en la frontera, a punto de ver beneficios, pero quizás nos quedemos fuera por poco.
-Siempre estamos en la frontera de algo, siempre falta un pelín. Las nuevas terapias van a depender mucho de la información genética que uno tenga para que funcionen o no. Es decir, la medicina personalizada, un concepto que en Europa, como la medicina es más social, no tiene tanto auge como en EE UU, donde las compañías de seguros pagan los tratamientos.
-¿Cuánto podrá vivir el hombre?
-No mucho más de lo que se ha alcanzado ya. Una cosa son las enfermedades que terminan matando a la gente y otra el envejecimiento como tal, el desgaste. Esto último se estudia más desde el punto de vista académico, no porque alguien esté buscando la fuente de la juventud.