El Correo Digital
Miércoles, 24 de mayo de 2006
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OPINIÓN
ARTÍCULOS
Freakylandia
Desde la película 'Freaks', del año 1932, de Tod Browning, director también del 'Drácula' clásico protagonizado por Bela Lugosi, ha llovido mucho. El sustantivo 'freak' y el adjetivo 'freaky' se han popularizado, y hoy significan muchas cosas: monstruo, estrafalario, fanático de algo, capricho de la naturaleza, siempre algo insólito. Generalmente el término 'freaky' se usa con valor peyorativo. Sin embargo, la frontera entre un 'freaky' y un genio muchas veces es difusa. Sólo hay un elemento que los diferencia. Y ese elemento es el éxito. Albert Einstein, sin el reconocimiento mundial, seguro que habría sido un 'freaky' de pelo eléctrico, que hacía chirriar un violín de muy malas e irritantes maneras. Frida Kahlo, una pintora insignificante y cejijunta, más rara que un perro verde. Fiedor Dostoyevski, simplemente un ludópata compulsivo. Y Drácula, un infeliz oscuro y taciturno con la boca seca, que se moría de sed noche tras noche. Quiero decir que gente rarita ha habido siempre y que, de un modo o de otro, todos formamos parte de esa fauna tan especial, piense cada uno en las extravagancias, gustos obsesivos, ritos particulares y todo eso un poco 'freaky' que constituye nuestra singularidad y que es tan nuestro. En fin, a lo que vamos, que, aunque sea injusto, la cosa está en alcanzar la gloria. Entonces las manías, que en el anonimato sacan de quicio al personal que nos rodea, se convierten en flores delicadas que adornan y realzan nuestro yo, dándonos ese toque distinguido que nos hace más encantadores si cabe. Pues nada, a por ello, y que haya suerte.



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