Quiero expresar mi opinión favorable a la gestión que hasta ahora ha realizado el Gobierno central en favor de la resolución del conflicto vasco. Tras varios intentos de diálogo entre las partes, nos encontramos en los prolegómenos de un final dialogado al enquistado conflicto que persiste a modo de 'rescoldos de una guerra', y que la primera transición española no fue capaz de resolver por el poder fáctico del Ejército. Ahora, 25 años después de la intentona golpista del 23-F, la democracia está tan consolidada que puede permitirse encarar una segunda transición para resolver problemas que quedaron insuficientemente abordados.
Estoy seguro de que Rodríguez Zapatero tiene en sus manos la hoja de ruta que permitirá deshacer el nudo gordiano del conflicto que dura más de 40 años. Aunque la labor que tiene por delante el presidente del Gobierno no es fácil, sabe que puede tomar decisiones valientes y arriesgadas ya que tiene el respaldo de la inmensa mayoría de la ciudadanía, que demanda la resolución dialogada del conflicto y la paz. Dos meses después de declarado el 'alto el fuego permanente' por parte de ETA, podría ser el momento de transferir la dirección política de la resolución del conflicto al lehendakari, cuyo papel en esta fase sin duda será crucial, presidiendo la necesaria mesa de partidos vascos. Es posible y aceptable que exista una paz sin vencedores ni vencidos, o mejor dicho: que la derrota sea para la intransigencia, el maniqueísmo y la intolerancia, tan frecuentes en nuestra pasada historia.