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Miércoles, 24 de mayo de 2006
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CULTURA
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«Vivir consiste en hacerte persona»
José Luis Gómez comparte con su personaje de 'La buena voz' el descubrimiento tardío de un hijo al que no conocía
«Vivir consiste en hacerte persona»
José Luis Gómez. / L. Á. GÓMEZ
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José Luis Gómez (Huelva, 1940) supo hace poco que tenía un hijo de 36 años en Alemania al que no conocía. «Dentro de dos días viene a Madrid a ver mi nuevo espectáculo en La Abadía. Me quiere y me acepta». Su «mayor regalo» sigue siendo su niña Clara, que a los cinco años «irradia luz». Cuando el actor leyó el guión de 'La buena voz' descubrió que acertaba «en la diana» de su propia vida: habla de un hombre que se descubre padre de un hijo, fruto de una relación adúltera veinticinco años atrás.

El director Antonio Cuadri jura que no conocía los paralelismos entre personaje y actor. Sólo sabía que José Luis Gómez era su taxista andaluz tosco y desabrido, que recorre las calles de Bilbao hasta que un infarto le despierta de su letargo de amargura. El filme -en los cines desde el viernes- descubre que de un patán puede salir un hombre bueno. «Todas las personas tienen un núcleo de bondad natural que el yo desmesurado ahoga», reflexiona el actor. «Yo lo observé en mi propio padre. Dignificarte frente a ti mismo es una de las cosas hermosas de hacerte mayor. Vivir consiste en hacerte persona».

Este mito del teatro español también ha escuchado en su oficio esa 'buena voz' que consigue que muchos padres quieran más a sus nietos que a sus hijos. «En mis últimas películas he encontrado la posibilidad de plasmar esa criatura sufriente que se entrevé en un ser violento». Con todo, su taxista bilbaíno no es un canalla, como el labriego de Puerto Hurraco en 'El séptimo día' o el malvado de 'Hormigas en la boca'. Gómez vivió varios días con profesionales de la villa «para adoptar los tics». Y no tuvo que preguntar qué significa maqueto: «Yo lo he sido en Alemania, aunque no emigré por razones económicas, sino para aprender».

Ironías del destino. El hombre que en 1976 arrebató en Cannes el premio de interpretación al taxista más célebre del cine, Robert de Niro en 'Taxi Driver', ha acabado bajando la bandera en una película. «Aquel premio fue un golpe de fortuna; el jurado creía que yo era un campesino de verdad, que 'Pascual Duarte' era cinéma vérité ». Quince años atrás había dicho adiós al negocio familiar de hostelería para emigrar becado. De Huelva a Alemania.

Cierre del Albéniz

«Fue un acto de rebelión. Yo venía de una clase media acomodada. Mis padres eran trabajadores y se esforzaron en darme una educación para valerme en la vida. Cuando llegué a Alemania ya hablaba bien francés, inglés y alemán. Pero el salto fue terrible. Y al regresar, España me parecía el Tercer Mundo, como en la película 'Un Franco, 14 pesetas'.

La dirección del Centro Dramático Nacional y el Premio Nacional de Teatro en 1988 anticiparon la creación de La Abadía, «un centro de creación insólito en Europa por su independencia y prestigio». Para Gómez, el teatro es «el último reducto de la palabra en acción». Por eso anda estos días empeñado en impedir el cierre del Albéniz madrileño para erigir en su solar de la calle Paz alguna franquicia de ropa. «En el teatro, la palabra se produce en el instante. Está alimentada con sangre. Es, como dice Emilio Lledó, ese aire semántico que emerge del círculo de los dientes. Una palabra viva, con el objetivo de encontrarse con el otro. Una celebración de la vida y la cultura humanas».

El director teatral se ha empeñado en «refrescar la memoria» de los espectadores. Ha llevado a escena la agonía de Franco y las palabras de Manuel Azaña para recordarnos que de aquellos polvos vienen estos lodos. «Los lodos se terminan secando y se puede pavimentar el suelo. Ahora se escribe la Historia con mejor letra que antes. La tarea humana siempre es trágicamente incompleta y los logros no pueden ser arrogantes, porque somos dependientes unos de otros».

José Luis Gómez busca un ejemplo cercano. «Este proceso de paz en marcha que no va a satisfacer a todos». Ha hablado del tema con amigos abertzales y expresa una esperanza. «Desde el punto de vista económico será extraordinario para el País Vasco. Os vais a asombrar hasta qué punto va a llegar una avalancha de españoles que no venían por aprensión, desinformación ». ¿Qué hará falta para que sea un País Vasco en paz? «Que haya salidas democráticas para todos. No se podrán colmar todas los anhelos soñados, pero sí muchos más que antes. La vida es pragmática: nadie puede tenerlo todo».



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