«Aquello que es esencial es invisible al ojo, sólo se ve en el corazón», sostiene Lourdes Fisa (Barcelona, 1964), que se presenta por primera vez en Bilbao, en el Aula de Cultura de la BBK (Elcano, 20), con un amplio muestrario de cuadros e instalaciones entre pictóricas y escultóricas; se dirían verdaderos poemas hechos la mayoría en fibra de vidrio para escenificar toda una ceremonia de la memoria con una evocadora estética de aspecto desgastado.
Fisa, que estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona y mejoró su conocimiento de las técnicas de grabado en la Hochschule de Braunschweig (Alemania) y en el Art Institute de Chicago, se sirve de todo lo que tiene a mano para configurar sus obras de pared y de suelo. En ellas se mezclan los colores de la fibra tratada de manera abstracta, imágenes fotográficas desvaídas, grafismos, grabados, libros, cartillas e incluso restos de materiales y útiles empleados; algunas contienen incluso urnas que guardan hojas secas, restos de cera, fotos rotas y hierba seca, como reliquias.
Son trozos del mundo a los que Fisa impone un nuevo orden, muchas veces en cuadros más o menos antiguos que la artista actualiza cada vez e incluso adapta al lugar en que se exponen. «Todo lo guardo y lo utilizo; busco humanidad dentro del arte, una armonía y un rayo de esperanza».