El premio Nobel de Economía de 2001 Joseph Stiglitz fue investido ayer doctor 'honoris causa' por la Universidad del País Vasco (UPV). En el acto, presidido por el lehendakari Juan José Ibarretxe, el profesor estadounidense defendió la nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, ya que la privatización previa aprobada por anteriores gobiernos no fue legal, a su juicio. «La venta de los recursos naturales no fue aprobada por el Congreso, tal como exige la Constitución boliviana», apuntó. «Es como si se vende el puente de Brooklyn sin tener ningún derecho sobre él y luego el Estado lo recupera», señaló metafóricamente.
Stiglitz consideró injusta la situación previa a la nacionalización, dado que la población boliviana, que es desesperadamente pobre, «estaba recibiendo una cuota muy pequeña de los beneficios derivados de la explotación de los recursos naturales de su propio país». El prestigioso economista explicó que se había reunido la semana pasada con el presidente de Bolivia, Evo Morales, quien le había transmitido su intención de negociar con los inversores extranjeros para buscar un punto de equilibrio entre los intereses del país y los de las empresas.
Globalización
Bolivia sirvió también de ejemplo a Stiglitz en su discurso para ilustrar la mala gestión que, en su opinión, se ha realizado de la globalización y el negativo papel que han desempeñado, según su criterio, organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial. «Ese país latinoamericano fue uno de los primeros que adoptó las reformas en los años 80, pero los bolivianos se han cansado de esperar a que lleguen los beneficios. Por eso ahora rechazan el neoliberalismo», explicó.
Stiglitz, que en 2001 recibió el premio Nobel junto George A. Akerlof y Michael Spence por sus análisis sobre la información asimétrica en los mercados, ha analizado con detalle el fenómeno de la globalización. Ahora mismo está a punto de publicar un libro en el que expone los fallos de este proceso, que -sostiene- no ha traído beneficios para la mayor parte del mundo. «Algunas zonas como África todavía están peor que antes», subrayó.
A su juicio, el principal problema radica en que la globalización económica ha ido más rápido que la política, hasta el punto de socavar los procesos democráticos en muchos países.
Stiglitz, que fue miembro y llegó a presidir el Consejo de Asesores Económicos del entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton, se mostró muy crítico con la guerra de Irak que inició George W. Bush y que ha desestabilizado el mercado del petróleo. También advirtió de que el proceso de deslocalizaciones va a ir a más por el interés de las compañías de reducir costes.