Un programa municipal permitió reducir a la mitad el absentismo escolar en Santurtzi durante el último semestre del año pasado. De los treinta casos que tenía sobre la mesa el departamento de Bienestar Social del Ayuntamiento, quince han sido corregidos. El equipo de intervención socioeducativa del Consistorio, responsable del seguimiento de estos menores, atribuye los buenos resultados a un cambio en el método de trabajo. «Antes eran las trabajadoras sociales las que se encargaban de este problema. Ahora su labor se ha complementado con la implicación del colegio, la familia y personal especializado», explicó el concejal del área, José Manuel García.
Los motivos por los que el escolar falta a clase suelen ser variados, aunque se pueden agrupar en dos. «Son jóvenes conflictivos que hacen habitualmente 'piras' o niños que pertenecen a familias con múltiples problemas económicos y de convivencia», enumeran desde el servicio.
Para corregir estas situaciones, el Ayuntamiento tiene un protocolo establecido. Los centros educativos tienen la obligación de enviar un parte mensual en el que se detallan las faltas de asistencia de los matriculados. Se considera absentismo cuando un alumno se ausenta en más del 20% de las clases sin ninguna justificación. Cuando la situación se repite dos meses consecutivos, el equipo de intervención socioeducativa cita a los padres a una reunión. «Les recordamos que los menores de entre 6 y 16 años tienen que estar escolarizados y, a partir de ese momento, comenzamos el seguimiento del caso», concreta una educadora.
La mayoría de las familias cuyos hijos faltan a clase suelen recibir ayudas económicas, una baza a favor de los educadores. «Les advertimos de que están poniendo en peligro la percepción de estas ayudas. Éste es un elemento de presión que funciona muy bien porque les pone contra las cuerdas y no les deja alternativa», argumentan en el área.
Un trabajo más amplio
Pero el absentismo escolar a menudo es la punta del iceberg de un problema mayor. El equipo de intervención socio-educativa trabajó en el último semestre del año pasado con 18 familias con dificultades y 37 menores. Estos últimos se clasifican en dos grupos. El primero está integrado por niños de nueve años de media con problemas de convivencia en el núcleo familiar. El otro sector corresponde a los jóvenes de 15 años de media con dificultad de aceptación de normas sociales y falta de sociabilidad.