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Jueves, 25 de mayo de 2006
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El Papa visita una Polonia sin Wojtyla
Siguiendo la huella de Juan Pablo II, Benedicto XVI llega hoy a Varsovia, donde le espera una Iglesia agitada y un país volcado a la derecha
El Papa visita una Polonia sin Wojtyla
Frailes en el museo del campo de refugiados nazi de Auschwitz, que será visitado por el Papa. / REUTERS
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La Varsovia de Karol Wojtyla, una ciudad y una persona unidos en una época decisiva, recibe hoy a un Papa que no es el suyo. En la plaza Pilsudskiego de la capital polaca, el lugar en el que Juan Pablo II abrió la primera fisura en el Muro soviético en su histórica visita de 1979, montaban ayer el altar para que el domingo celebre misa su sucesor, Benedicto XVI. Sin embargo, los carteles de bienvenida repiten un lema, 'Nasz Papiez w Polsce' (Nuestro Papa en Polonia), bajo la foto de Ratzinger. El país pasa página y Benedicto XVI lo sabe. Por eso ha elegido la tierra de Wojtyla como destino de su primer viaje verdadero, pues la visita a Colonia del año pasado ya estaba programada. Tras más de un año de pontificado, sustituyendo a Juan Pablo II en todos los gestos a los que el mundo se había acostumbrado, Ratzinger cumple ahora el definitivo, ir a 'su' Polonia.

Pero además, en el caso de este Papa se agolpan nuevos simbolismos, sencillamente porque es alemán. La Varsovia que pisará hoy Ratzinger tiene poco más de medio siglo, porque fue arrasada por Alemania. El campo de exterminio de Auschwitz que visitará el domingo representa la culpa de una nación, la suya, en la que el actual pontífice también llegó a militar, por obligación, en las Juventudes Hitlerianas, como él mismo cuenta en su autobiografía. Un Papa alemán entrando en Auschwitz será la fotografía que llevarán los periódicos del lunes.

Caza a los chivatos

Su mensaje de perdón, reconciliación y advertencia tendrá también un sentido inmediato en Polonia, que vira hacia un preocupante nacional-catolicismo. En esta visita de cuatro días, el Papa rendirá homenaje a su amigo Wojtyla con un peregrinaje sentimental por sus lugares, de Cracovia a su pueblo, Wadowice; pero se trata sólo del itinerario superficial.

En realidad, además de seguir una huella, Ratzinger está cubriendo un hueco. 'Permaneced fuertes en la fe' es el lema de la visita. La Iglesia polaca se ha quedado un poco huérfana sin Juan Pablo II y vive un momento de gran tensión interna dentro del rumbo de la política nacional. La nueva derecha polaca de los gemelos Kaczynski y del presidente del Gobierno, Kazimierz Marcinkiewicz, está salpicada de católicos militantes que llevan muy lejos sus ideas. Hasta el diario 'Avvenire', de los obispos italianos, no oculta su aprensión al describir el Ejecutivo que se ha estrenado este mes: «Marcinkiewicz es el rostro más presentable de la nueva clase dirigente, donde hay personajes embarazosos como Andrzej Lepper, con procesos pendientes por violencia pública, y como Roman Gyertich, católico ultranacionalista con arranques antisemitas».

Muchos obispos están a favor de esta corriente, incluido el delicado episodio del ajuste de cuentas nacional con el pasado: la búsqueda de 100.000 colaboradores del régimen comunista en los archivos de la Policía secreta, una operación en la que también salen a la luz curas y en la que se ha embarcado, por ejemplo, la diócesis de Cracovia con una comisión especial creada al efecto. Este clima inquisitorial está crispando aún más la atmósfera, y el sonado caso de Radio Maryja lo demuestra. La Polonia post-Wojtyla está muy agitada. Por otro lado, ya no hay ley seca por la llegada del Papa. En Varsovia, han abierto sex-shops y clubs de señoritas en la gran avenida Juan Pablo II.



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