La prensa de las últimas semanas está reflejando una creciente conflictividad en varios servicios públicos de la CAV. Primero fueron los profesores de la Universidad del País Vasco, luego siguieron las convocatorias en Osakidetza. En ambos casos, la cuestión de fondo es la misma: exigencia de más dinero. Dinero para equiparar los sueldos y dignificarlos (un profesor de Universidad puede cobrar, en Euskadi, menos que uno de Enseñanza Primaria), y para dotar a los servicios de más personal y una mejor atención. ¿Ay, el dinero! Poderoso caballero... Los responsables políticos nos recuerdan que los recursos son limitados, y las necesidades, muchas; y que hay que repartir como mejor se pueda. Quizá tengan razón. Pero recuerdo ahora que, no hace mucho tiempo, la Diputación de Bizkaia entregó 6 millones de euros, una bagatela, a nuestro Athletic, a cambio de llevar una pequeña publicidad en su camiseta. Lo mismo hizo el Gobierno vasco, para nuestro último y fugaz paso por competiciones europeas. ¿Qué curioso! Con la lluvia de millones que nuestros políticos han regalado alegremente a un club privado -pues no es otra cosa el Athletic, por mucho orgullo de Bizkaia que sea-, seguro que habría dado para pagar las reivindicaciones de universitarios y sanitarios. Pero la prioridad es clara: el fútbol está antes que los hospitales o la educación.
Les ofrezco una solución: que nuestra Diputación entregue otros seis millones, a cambio de que los médicos y profesores universitarios lleven la misma propaganda en sus ropas de faena. Pregunten, pregunten. Seguro que no les importa hacer de persona-anuncio cuando entren en el quirófano o salgan a dar un clase. Una cosa es clara, al menos: público no les iba a faltar.