Las autoridades del Reino Unido fruncieron el ceño cuando se enteraron de que Michael Winterbottom, el inquieto director de 'In this World' y '24 Hour Party People', pasaba horas junto a 'los tres de Tipton'. Estos jóvenes británicos de origen paquistaní tenían algo que contar. Por ejemplo, que viajaron a Pakistán para acudir a una boda y que aprovecharon para hacer turismo por Afganistán, donde fueron capturados por la Alianza del Norte, que les entregó a los marines norteamericanos, quienes les enviaron directamente a la prisión de Guantánamo al considerarles talibanes. Allí fueron sometidos a incontables vejaciones durante los dos años que duró aquel encarcelamiento sin pruebas.
«Se nos había dicho que los presos de Guantánamo eran los terroristas más peligrosos del mundo, pero cuando les conocimos vimos que eran gente corriente. Por eso, quisimos mostrar la diferencia que hay entre lo que se piensa y la realidad. El modo más sencillo de contar su historia era que ellos mismos la plasmaran en su película», explica Winterbottom.
El cineasta, homenajeado en el festival de San Sebastián, eligió a las víctimas de esas torturas para relatar su odisea en un filme mitad ficción, mitad documental.
'Los tres de Tipton', cuyo caso recuerda al de 'los cuatro de Guildford', la familia norirlandesa cuya traumática experiencia se narra en 'En el nombre del padre', recibieron la ovación del público en el pasado festival de Berlín, casi dos años después de ser liberados sin cargos en Londres. 'Camino a Guantánamo' se erigió como vencedora moral del certamen. A su regreso al Reino Unido, la Policía detuvo a dos de ellos junto a los actores que también les dan vida en el filme. Después, de nuevo fueron liberados.
Uno de ellos, Asif Iqbal, relató en España que se alegró la primera vez que vio a los norteamericanos. «Pero pronto me di cuenta que me había precipitado. Siempre tenemos esa imagen de que si ellos están ahí, todo irá bien. Pero nada más caer en sus manos nos dieron brutales palizas, nos colocaron bolsas en las cabezas y nos apalearon. También tengo que decir que algunos de los guardianes de Guantánamo nos pedían perdón por lo que nos estaban haciendo», añade el joven musulmán, a quien le costará sacar del cuerpo «la sensación de vivir en un miedo constante».