Luis de Val (Zaragoza, 1944) se encuentra en pleno proceso creativo. Ya ha comenzado a escribir tanto su siguiente novela como una pieza dramática, aunque acaba de publicar una segunda colección de relatos 'Cuentos de medianoche' (Algaida, 2006), y de estrenar la obra de teatro, que dirige Antonio Mercero, 'Los caballos cojos no trotan'. «Una metáfora de la sociedad en que vivimos que intenta eliminar a quien no alcanza ciertas dosis de excelencia» y que este fin de semana se representa en San Sebastián.
Famoso por ser la voz que retrata a los entrevistados del programa 'Hoy por hoy', este caballero se ve a si mismo como una persona «que tiene cierta melancolía en la expresión, lleva barba como si intentara ocultar su timidez. Sonríe a medias como si no se atreviera a sonreir del todo y lleva un lazo sempiterno como si quisiese venir del siglo XIX».
Su nuevo libro es una descripción de «la dura y dramática vida cotidiana», a través de 59 brevísimos relatos, emparedados en dos cuentos en los que no falta el humor. Son situaciones normales en las que introduce misterios y fantasmas que no siempre viene del más allá. «Los fantasmas más dañinos son los reales: cuando los nombran subsecretarios de un ministerio, concejales o consejeros, pueden hacer mucho daño», ironiza.
Hombres tontos
Del Val es un escritor al que acusan de proteger a sus personajes femeninos. «Dicen que los tíos de mis novelas son torpes o tontos, pero no lo hago con alevosía. Literariamente la mujer es mucho mas interesante que el hombre. Ella es imprevisible, puede pensar en varias cosas a la vez. El hombre sólo busca el coito y el poder», se justifica.
El fantasma al que más teme del Val «es el miedo al miedo. No saber buscar la libertad, el miedo al que dirán, a tener que hacer lo correcto. A la gente hoy le cuesta disentir- lamenta- aunque las cosas tienen que ir mejor. Sino tendríamos que dimitir como ciudadanos». Ante la situación del País Vasco le preocupa «cómo se le dirá a unos determinados ciudadanos, convencidos de que realizan una labor gloriosamente patriótica, que se ha acabado, que tienen que convertirse en funcionarios, oficinistas o dependientes de ferretería. Van a ser necesarias muchas dosis de comprensión por todas las partes».