En una plataforma petrolífera anclada en la costa de Escocia, emplazó esta vez su cámara la directora catalana Isabel Coixet, con la intención de desmenuzar una de las más sutiles, auténticas y emocionantes historias de amor que hayamos podido ver en mucho tiempo. Porque no son demasiadas las veces que el poder del amor ha sido descrito con tanta prestancia como en 'La vida secreta de las palabras', centrada, sobre todo, en dos personajes, contrapuestos pero complementarios, Hanna y Josef, una mujer dolorosamente aislada y un hombre cruelmente herido. Personajes realzados por las interpretaciones, matizadas hasta el arabesco de Sarah Polley y Tim Robbins, respectivamente, en una demostración de poderío actoral difícil de igualar en los tiempos que corren.
Un filme de sentimientos hasta sus últimas consecuencias, palpitante hasta la congoja, que se toma su tiempo para explicar, de forma intimista, el progresivo acercamiento entre dos seres heridos en los más profundo del alma, un hombre y una mujer íntegros, honestos, conmovedores, dispuestos a sacar partido, en último término, al milagro de su encuentro.
'La vida secreta de las palabras' se convierte así en una profunda, sincera y sugerente historia de amor, vivida en tiempos difíciles, situada en un lugar claustrofóbico y hasta inhóspito, pero al que la realizadora sabe sacar el justo partido. La delicadeza del impulso amoroso, respetuosamente plasmado, la dignidad de unos seres humanos a la deriva, son otros de los logros de esta película señera.