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Viernes, 26 de mayo de 2006
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DEPORTES
TAU CERÁMICA
El Buesa Arena coloca las cosas en su sitio
El Baskonia recobra el mando frente al Akasvayu y se sitúa a un triunfo de las semifinales
El Buesa Arena coloca las  cosas en su sitio
DE MENOS A MÁS. A Prigioni le costó entrar en el partido pero acabó a un alto nivel. / FOTOS: IGOR AIZPURU Y NURIA GONZÁLEZ
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AKASVAYU TAU CERÁMICA -
84 93

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Existe una fortaleza junto al humedal de Salburua. Exhibe cúpula de 'ovni'. Asaltarla implica un esfuerzo ímprobo. Casi sobrenatural. Anoche, el TAU Cerámica se escudó en la coraza de su palacio de oro. Y así, sintiéndose protegido entre su gente, devolvió la lógica a su eliminatoria de cuartos, turbia desde el pasado domingo.

Las semifinales se sitúan a un palmo de su cara. Queda un esfuerzo más y, por fin, se manifestarán en todo su esplendor. Con el atenuante de que el Baskonia saltará en tres días al Fontajau con red de protección bajo sus pies. La que concede el 'factor campo', vital hasta la fecha. Viento a favor de nuevo.

El 93-84 vivido ayer, a pesar de los arreones gerundenses, devolvió las aguas a su cauce. Habrá que ver cómo digiere el mal trago su imprevisible oponente. Ya que el nuevo rico de la ACB, que dio la cara durante dos cuartos y lanzó un desesperado bufido en el colofón, abandonó el Buesa Arena calcinado. Vacío después de desaprovechar todas sus raciones de sacrificio y ahogado por la descomunal efectividad conseguida por los azulgranas. Menú perfecto.

El Akasvayu queda ahora obligado a completar una heroicidad. Imponerse en la próxima matinal dominical y lograr la cuadratura del círculo en un hipotético quinto encuentro de desempate a celebrar en Vitoria. Una gesta demasiado enrevesada para materializarse. O eso es lo que apunta el baloncesto de unos y otros.

Ya que el Baskonia, en su casa, al amparo de su afición, es otro. Se siente cómodo. En deuda con el respetable para concederle una alegría. Aunque ese gozo a veces se reduzca exclusivamente al resultado. Ayer, en cambio, le regaló el triunfo y varias fases de efervescencia. Más de lo previsto a estas alturas de la película en las que continuar vivito y coleando se antoja fundamental. Pragmatismo al poder.

A pecho descubierto

Apareció el TAU por la boca del vestuario con las garras afiladas. Enrabietado incluso. Lanzó un bombardeo en toda regla en cuanto el balón voló por los aires. Y su contrincante, a pesar de que se atoró al calarse el casco anti granizo, aguantó bien el chaparrón inicial.

Ambos se lanzaron a pecho descubierto a por la victoria. Y el espectáculo subió como la espuma. Ritmo vibrante. A todo trapo. Por lo que los parciales se intercambiaron con enérgica tozudez.

El balón volaba de una zona a otra. Casi no había tiempo ni para coger oxígeno. Pero el Baskonia, sustentado, cómo no, por un Scola inmisericorde ante la tibieza de Thompson, era quien encabezaba la carrera (28-16, minuto 9).

En éstas subió la persiana el segundo cuarto y la silueta del rival aumentó debido a la entrada en pista de Dueñas y Germán Gabriel. Intimidación y triples. Alarmas encendidas. Desconfianza comprensible. Pese a que el anfitrión nunca cedió el mando del luminoso, en ese tramo se apreció al Akasvayu más redondo. El que sí constituye una amenaza. Menos mal que antes del ecuador, un arreón de rabia alavesa anunció la posterior escisión definitiva. 51-41 al descanso.

En la reanudación, beneficiado por la extraña política de rotaciones de Edu Torres, quien se olvidó de sus dos hombres más entonados, el TAU cargó con todo. Alentado por su fiel afición, ansioso de sangre, dinamitó la paridad. Combinó un excepcional acierto triplista (52% al final) con soluciones a todos niveles. Por dentro, David. Afuera, Prigioni, Hansen, el guerrillero Erdogan o Vidal.

Cuando Torres 'recordó' que Gabriel se comía las uñas en el banco, la goma ya se había tensado hasta los diecinueve puntos (73-54, minuto 30). Desangrado, el Akasvayu lanzó un puñetazo final en el ocaso de la cita. Pero, entre que no atinó con la decisión correcta y que el Baskonia recuperó el paso a tiempo, el 2-1 nunca peligró. Queda la guinda.

d.gonzalez@diario-elcorreo.com



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