Los dos líderes supervivientes del pacto de las Azores -acompañados por sus peores porcentajes de aprobación popular y toda la frustración generada por un conflicto que se ha resistido a cumplir con cualquier expectativa benigna- se citaron ayer en la capital de Estados Unidos para abordar el futuro de Irak y una posible reducción de sus respectivas tropas. El encuentro de George W. Bush y Tony Blair en la Casa Blanca se produce justo después de que el primer ministro británico haya tenido esta semana la oportunidad de visitar Bagdad, avanzando la posibilidad de un gradual traspaso de responsabilidades en materia de seguridad tras la formación de un Gobierno definitivo en el país árabe.
Con todo, la Administración Bush se apresuró ayer a cercenar cualquier especulación de una retirada inmediata y masiva de las fuerzas aportadas por Estados Unidos (132.000) y Gran Bretaña (8.000). Unas expectativas de anuncio sorpresa en parte generadas por la convocatoria de una muy poco habitual conferencia de prensa conjunta de Bush y Blair a la hora de máxima audiencia televisiva en los hogares estadounidenses.
Según avanzó el portavoz de la Casa Blanca, Tony Snow, los dos líderes «no van a correr para decir que nos volvemos todos a casa». De acuerdo al tertuliano de la cadena Fox reconvertido a fuente gubernamental, «no va a haber hoy gente besándose en Times Square». En referencia a la clásica foto de la enfermera y el marino que en el centro de Nueva York celebraron con un apasionado beso, el 14 de agosto de 1945, el final de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico.
En la agenda del encuentro de Blair y Bush, originalmente previsto para antes de Semana Santa, también figuraba de forma prominente esfuerzos para respaldar al nuevo Gobierno iraquí liderado por el primer ministro Nouri al-Maliki, con una renovada solicitud de ayuda a la comunidad internacional. En este sentido, Al-Maliki ha indicado que sus fuerzas locales podrían ser capaces de asumir responsabilidades de seguridad en todo el territorio en cuestión de dieciocho meses, siempre y cuando logre suficiente número de personal, entrenamiento y equipo.
La repetida posición de la Casa Blanca sobre una eventual salida militar de Irak insiste en rechazar plazos artificiales y que las decisiones se tomarán de acuerdo a la situación sobre el terreno. Aún así, la Administración Bush baraja la posibilidad de materializar durante este año una reducción apreciable de sus efectivos, si es posible antes de los comicios legislativos previstos en Estados Unidos para noviembre y donde el Partido Republicano teme sufrir un significativo varapalo.
'Eje de los flojos'
Desde la invasión ordenada en marzo de 2003, las Fuerzas Armadas estadounidenses han sufrido 2.460 bajas mortales, mientras que los militares británicos han acumulado 111 caídos en sus filas. Con un desembolso multimillonario para ambos países. En una reciente y brutal portada, el semanario 'The Economist' no dudaba en calificar la alianza de Estados Unidos y Gran Bretaña como el 'eje de los flojos', insistiendo en que Irak ha logrado transformar a Blair y Bush «de vertiginosos halcones en los patos más lisiados».
En la agenda de la cumbre de Bush y Blair también han encontrado acomodo otras cuestiones adicionales como el pulso nuclear de Irán, la renovada violencia en Afganistán, la paz en Oriente Próximo y la dramática situación en la región sudanesa de Darfur. Además, el primer ministro británico -en lo que podría ser su última visita oficial a Washington- tiene previsto aprovechar el distinguido foro de la Universidad de Georgetown para esbozar la necesidad de reforma en instituciones multilaterales como Naciones Unidas o el Banco Mundial, creadas tras la Segunda Guerra Mundial, pero con graves dificultades para hacer frente a los retos globalizados del siglo XXI.