Una veintena de personas ha perdido la vida en las últimas horas en Timor Oriental durante los violentos enfrentamientos que se registran desde hace varios días entre ex soldados rebeldes y el Ejército. Según informaciones de emisoras de radio locales captadas en Australia, las víctimas se habrían producido en un tiroteo con armas pesadas ocurrido junto al cuartel de policía ubicado en el centro de la capital, Dili.
El caos parece absoluto en la ciudad y cientos de sus habitantes se han refugiado en la misión católica de Don Bosco a la espera del despliegue de las tropas australianas llegadas ayer al aeropuerto internacional para intentar evitar una guerra civil.
El fondo de la crisis parece encontrarse en el levantamiento de 591 militares que fueron expulsados de las Fuerzas Armadas timorenses por protagonizar una larga huelga en demanda de mejores condiciones y que ahora buscan derribar el Gobierno.
«La situación es frágil y crítica», aseguraba ayer el ministro de Asuntos Exteriores, José Ramos Horta. El Ejecutivo al que pertenece ha pedido ayuda urgente -además de a Australia- a Malasia, Nueva Zelanda y Portugal, la antigua metrópoli del país oceánico.
Timor Oriental, después de veinticuatro años de ocupación indonesia y de tres administrado por Naciones Unidas, se convirtió en un estado soberano en 2002, pero nació como uno de los países más pobres del mundo, situación que no parece remontar.