José Luis Rodríguez Zapatero ha pedido al PSOE que evite polemizar con el PP sobre el alto el fuego de ETA. El presidente está preocupado por la actitud que ha mantenido el PP en los últimos días tras el anuncio de que en junio informará al Congreso de la apertura del diálogo con la organización terrorista; cree que el acuerdo alcanzado con Mariano Rajoy pende de un hilo y teme que algunos dirigentes del partido opositor estén interesados en romperlo para capitalizar de esa forma el escepticismo mayoritario entre los ciudadanos ante el anuncio de ETA.
El mismo día en que la organización terrorista declaró el cese de actividades, Rodríguez Zapatero tendió la mano al presidente del PP para que se implicara en la gestión de esta nueva etapa. No era sólo un acto conciliador: quiso conjurar el riesgo de que el primer partido de la oposición utilizara el alto el fuego como arma política y cegara el camino iniciado el pasado 22 de marzo. El presidente tuvo en cuenta que todos los procesos de fin de la violencia habidos en el mundo -Irlanda o Sudáfrica, por ejemplo- han contado con el acuerdo de las fuerzas gubernamentales y opositoras, y España no podía ser una excepción.
Rodríguez Zapatero, en consecuencia, pidió a los socialistas silencio ante las críticas para intentar preservar el acuerdo con el PP. Esta semana, el Gobierno y el PSOE han observado perplejos cómo Mariano Rajoy, Ángel Acebes y Eduardo Zaplana lanzaban mensajes contradictorios. El sábado por la mañana, 24 horas antes del mitin de Barakaldo, Rodríguez Zapatero contactó con el líder de la oposición para pedirle su apoyo. Convencido de que tenía el aval de Rajoy para hablar con ETA «sin pagar precio político», porque así se lo transmitió él mismo, según fuentes socialistas, el presidente decidió hacer públicas sus intenciones.
La sorpresa llegó con las posteriores declaraciones del secretario general del PP, su rechazo al diálogo con ETA, la nueva llamada de teléfono de Rajoy y la corrección de Zaplana. En el PSOE genera desconcierto esta actitud del PP. Hay quienes creen que se debe a las presiones de algunos dirigentes sobre Rajoy, aunque otros opinan que el líder del PP utiliza a sus 'escuderos' para transmitir al Gobierno lo que realmente piensa.
Rumbo errático
Convencido de que el jefe de la oposición tiene problemas para mantener en público lo que le dice en privado, Rodríguez Zapatero ha urgido a los suyos a que no se ceben en las contradicciones del PP, ignoren las palabras de los 'portavoces no autorizados' y sólo atiendan a las palabras de Rajoy.
El análisis de La Moncloa para explicar el rumbo a su juicio «errático» del partido opositor es que hay dirigentes populares que quieren capitalizar la incredulidad ciudadana ante el anuncio de ETA. El último estudio del CIS reflejó que el 53,9% de la población ve con «escepticismo y dudas» el alto el fuego. El recelo mayoritario se vio abonado con la reciente entrevista con dos miembros de ETA en 'Gara', en la que dejaron claro que está lejos el momento de enterrar las armas. Un aviso que fue recogido por Rajoy y la plana mayor del PP para exigir a Rodríguez Zapatero que el único objetivo de un diálogo con los terroristas es que entreguen su arsenal. «No quieren dar la menor facilidad», concluyó un colaborador del jefe del Ejecutivo.
Fuentes gubernamentales admiten incluso que el líder opositor se podría negar a que el presidente del Gobierno acuda al Congreso para pedir el aval parlamentario a las conversaciones con ETA, un paso que Rodríguez Zapatero cree imprescindible para «legitimar» los futuros pasos. Las fuentes consultadas apuntaron la posibilidad de que el PP considere suficiente el apoyo que prestará Rajoy en el debate sobre el estado de la nación a un diálogo para verificar la intención de la organización terrorista de abandonar las armas.
Mientras el consenso se tambalea, en el PSOE hay dirigentes preocupados porque la consigna de silencio les obliga a no responder al PP y también a «ayudarles mientras que ellos nos golpean a nosotros por todas partes». Pero estos lamentos los hacen en privado. En público, se niegan a hablar de la posibilidad de que se rompa el acuerdo con el PP porque «es una hipótesis que no contemplamos». La dirección del PSOE ha decidido que no serán los socialistas los que rompan la cuerda y que, por tanto, no harán nada que pueda provocar una ruptura con el PP.
Sólo hay una excepción al mandato de mutismo: Euskadi. Rodríguez Zapatero comparte la idea de que los socialistas vascos tienen que diferenciarse del PP en la actitud ante el alto el fuego y subrayar el perfil inmovilista de los populares que lidera María San Gil. En consecuencia, las únicas controversias públicas en el proceso son las que protagonizan el PSE y el PP vasco.