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Viernes, 26 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
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El Papa lleva a Polonia un mensaje de reconciliación en plena purga de espías soviétios
En una crítica a la Iglesia local, pide a los sacerdotes que no sean «expertos en política» ni cedan a la hipocresía
El Papa lleva a Polonia un mensaje de reconciliación en plena purga de espías soviétios
El Papa preside el desfile en el aeropuerto de Varsovia. / REUTERS
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«¿Qué esperamos del Papa?», se preguntaba ayer el mayor diario polaco, 'Gazeta Wyborcza', haciéndose eco de la situación de cierta desorientación en que vive el catolicismo en este país. Y Benedicto XVI dio respuestas enseguida. Tras el primer discurso del aeropuerto, en el que repasó lo que serán sus cuatro días en Polonia, Ratzinger se dirigió al corazón de la Iglesia nacional, la catedral de San Juan, y mantuvo un encuentro con lo más granado del clero polaco. Aquello no fue un rapapolvo, porque habló con la calma de quien da consejos, pero fue directamente al grano de los asuntos más dolientes que cita cualquier analista: la creciente implicación de los curas en política, dentro de una preocupante oleada de integrismo, especialmente a través de la polémica emisora Radio María; el mal ejemplo de muchos sacerdotes en su vida pública, con cierta ostentación de riqueza; y sobre todo, el aire inquisitorial en la búsqueda de chivatos y colaboradores del régimen soviético, incluso dentro de la propia Iglesia.

El Papa tocó cada uno de estos temas de forma directa y con frases inequívocas. «Al sacerdote no se le pide que sea un experto en economía, construcción o política, sino que sea un experto en vida espiritual». «Vivir bajo el totalitarismo puede haber generado una tendencia inconsciente a esconderse bajo una máscara, cediendo a una forma de hipocresía». «Vivid una vida modesta, solidaria».

Pero el Papa dedicó la mayor parte de su intervención al debate más lacerante que se vive en este momento en Polonia y entre los católicos: el ajuste de cuentas con el pasado. Se trata, además, de un asunto que obsesionaba a Wojtyla, que en sus últimos años pidió perdón por casi todo en nombre de la Iglesia, incluida la condena a Galileo, y en el que Ratzinger discrepaba. Ayer aprovechó para explicar su visión de este dilema, una ligera corrección de rumbo: «Conviene guardarse de la pretensión de erguirse con arrogancia en jueces de las generaciones precedentes, que han vivido en otros tiempos y otras circunstancias», explicó, al tiempo que pedía prudencia para no caer «en acusaciones fáciles sin pruebas reales». Toda una llamada a la calma y la reconciliación en pleno proceso de 'limpieza' en los archivos de la Policía secreta, dirigido por el Instituto de la Memoria.

Menos entusiasmo

Por la tarde, el Papa cerró la jornada con un encuentro ecuménico con representantes ortodoxos, musulmanes y judíos. En sus desplazamientos por la ciudad fue aplaudido por la gente, alineada a lo largo de las calles, pero se advertía menos fervor que en las nueve visitas de Juan Pablo II. Tampoco ha habido, de momento, grandes muchedumbres, pero es cierto que ayer era el primer día y mañana, con la misa en la plaza Pilsudski, comienzan los actos de masas.

De todos modos, la vista está puesta en la visita del domingo a Auschwitz, acto principal del viaje. «Rezaremos allí para que las plagas del siglo pasado se curen bajo la medicación que el buen Dios nos indica, el perdón recíproco», dijo el Papa nada más llegar. Visitará el campo nazi «más como católico que como alemán», puntualizó.



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