Sor Auxiliadora se levanta cada día a las seis y media de la mañana y, después de rezar sus oraciones, sus manos se cubren de un manto de harina y huevo. Son horas de esfuerzo que sirven para hornear uno de los placeres más divinos: los dulces. Natural de Jerez de la Frontera, tiene 67 años y lleva más de 30 como monja de clausura del monasterio Santa Clara de Úbeda (Jaén), uno de los conventos que participan en la feria de la capital vizcaína.
La repostería es su medio de subsistencia. Cuentan con diez especialidades, entre las que destacan los roscos de Santa Inés, las pastas de naranja y las empanadillas rellenas de cabello de ángel. «A Bilbao hemos enviado 400 cajas con un surtido muy completo porque siempre se vende todo», revela. Detrás dejan una trajinada semana de trabajo. Las recetas son «secretas», pero Sor Auxiliadora se anima a confesar uno de sus trucos. «A las magdalenas no les echamos leche. De esta forma, no cogen ese color verdoso ni se ponen duras», susurra.
La Navidad es una de las épocas más duras. «¿Hacemos hasta 300 kilos de mantecados en una mañana!», reconoce. A pesar de todo, fechas como ésta «se agradecen». Y es que, como asegura, «Por amor a Dios y a jornal de gloria, no hay trabajo grande».