El escándalo ha salpicado una vez más al mundo del ciclismo. Los deportistas de elite son meras víctimas de una maquinaria que está demasiado bien organizada para desmantelarla con unas simples detenciones. No busquemos culpables superficiales y centrémonos en el fondo, en la raíz del problema. Es la sociedad la que empuja al deportista a doparse. Les exigimos triunfos, espectáculo, records mundiales y grandes hazañas. Y si no rinden como queremos, nos sentimos ofendidos y perdemos poco tiempo antes de criticarles de forma inhumana. Ahora nos llevamos las manos a la cabeza, el horror nos invade y de repente parece preocuparnos la salud de los ciclistas, eso sí, mientras, nos emborrachamos continuamente, nos hartamos de fumar y de darle a la 'raya de la felicidad'. Al menos el deportista lo hace para ganarse la vida y no por vicio. Pero ya se sabe, lo socialmente aceptado es diferente. ¿Basta de puritanismo, por favor! Tampoco entiendo y me duele en el alma que el ciclismo esté siempre en el centro de la caza de brujas, se le criminaliza injustamente mientras se dejan de lado otros deportes. El nivel de dopaje es directamente proporcional al dinero que mueve, todo deporte profesional es un engaño. Por favor, hagan una visita al Mundial de fútbol de Alemania, seguro que encuentran algo particular, aparte de macarrones integrales y agua mineral.