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Sábado, 27 de mayo de 2006
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DEPORTES
CARTA ABIERTA
Desde mi punto de vista
Desde mi punto de vista
Antón, en sus últimos días como presidente del Alavés. / EL CORREO
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Tras reflexionar sobre la conveniencia de salir a los medios de comunicación con mis opiniones sobre todo lo que está ocurriendo alrededor del Alavés y tras varias demandas para mi comparecencia, decido dar este paso y escribo estas líneas con el único objetivo de informar con objetividad sobre algunas cuestiones relacionadas con el tiempo, largo realmente, en el que he permanecido en esta institución que es el Deportivo Alavés.

Cuando comencé mi andadura en la temporada 1989-90 el club se encontraba en Tercera División y, como recordarán, con una deuda de dos millones de euros. Poco a poco fuimos solventando el tema económico hasta que en la campaña 2001-02 nos concedieron el premio a la mejor gestión del fútbol español, tanto en lo deportivo como en lo económico.

Durante los quince años que he representado al club se han conseguido, en el apartado deportivo, dos semifinales de la Copa del Rey, dos participaciones en la Copa de la UEFA y una final que la llevaremos todos dentro de nuestro corazón, siendo el éxito más importante en la historia de la entidad.

Se construyeron dos ciudades deportivas, se compró el Colegio Izarra (lo que en un futuro puede llegar a ser un pulmón para la sociedad), se invirtió en oficinas y mejoras del palco, lo que supuso una inversión de 1.700 millones de pesetas, a precio de compra, los cuales se encontraban libres de cargas, es decir, sin hipotecas. Dichas inversiones han sido muy rentables para el club.

Asimismo, dedicamos mucho tiempo a las reuniones con el Ayuntamiento de Vitoria para conseguir la remodelación de Mendizorroza, con sus tiras y aflojas, pero al final logramos un estadio de nivel, de un equipo de Primera División.

En los cinco años que permanecimos en Primera fuimos miembros de la ejecutiva de la Liga Nacional de Fútbol Profesional, se lideró las negociaciones de los derechos de televisión y se alcanzó una gran credibilidad ante el resto de los clubes.

Durante el recorrido que permanecimos al frente de la institución, quince años, todos nuestros compromisos de pago con jugadores, empleados, proveedores, etcétera se cumplieron sin demora alguna. También hubo momentos que tuve que avalar, con mis bienes, para cumplir dichas obligaciones. Esto es, a grandes rasgos y sin muchos matices, en lo que respecta a gestión, habiéndole dedicado al club todo mi esfuerzo y las horas necesarias.

Respecto a la venta de acciones, deseo explicar que un año antes ya hice público que las que yo poseía, que eran un 40% del capital social, como las de mis socios se encontraban en venta. Me entrevisté con empresarios de primer nivel de Álava, instituciones, salimos al mercado y no hubo forma de encontrar candidatos de compra. Y no era por el precio, sino por lo que conlleva el fútbol. Yo vendí al final el 31% de mis acciones.

Cuando se hizo pública la venta de títulos nosotros disponíamos del 74%. Hubo entonces varios accionistas significativos que nos ofrecieron sus acciones para la venta junto con las nuestras. Y les aseguro que les sorprendería saber el nombre de esas personas que ahora son grandes protagonistas en defensa del club.

El único interesado en la compra fue el actual presidente, en el mes de diciembre de 2003. Por nuestra parte seguimos dándole largas para ver si conseguíamos encontrar compradores y así lo mantuvimos hasta junio. La decisión por parte de nuestro grupo es que se tenía que vender ya que en septiembre comenzaba a trabajar en otra actividad, lo que me iba a impedir dedicarme al club a partir de entonces. Llegamos a un preacuerdo el 22 de junio de 2004 con una opción de compra para los aficionados de Vitoria, dando quince días para la adquisición de una a diez acciones, llevando a cabo una campaña de publicidad. Puedo decir que antes de esa fecha no había ningún preacuerdo establecido de venta.

Se me ha achacado el poco tiempo que se otorgó a la opción pública, pero había dos variantes: la primera, que había que vender, y la segunda es que durante un año no habíamos encontrado ningún comprador.

Por otra parte, si hubiese habido interés social y voluntad, el tiempo no sería una excusa. Pongo un ejemplo: si quieres comprar un coche y sabes el modelo, puedes realizar la operación entre 3-5 días.

De todas formas, quiero recordar -haciendo memoria- que hace diez años se constituyó la sociedad anónima deportiva, duró la transacción de compra de acciones desde enero al 10 de junio de 1996, es decir, más de 160 días, con un coste por acción de 10.000 pesetas, y no se vendieron nada más que el 23,7% repartido entre 1.831 personas. De no ser por el grupo que yo representaba no se hubiera comprado el resto necesario para cubrir el capital social que ordenaba el Consejo Superior de Deportes y el Alavés no hubiera podido jugar en la Liga de Fútbol Profesional, es decir, ni en Primera ni en Segunda.

Ahora parece que se está forzando la salida del actual consejo de administración, que posee el 51%, y se busca al empresario que lo pueda comprar. Yo hago una reflexión: ¿no será mejor que entre la masa social se vaya aportando dinero para que se encuentren repartidas las acciones entre todos los aficionados del club?, ya que si se encuentra al empresario que pudiera estar interesado, el día que le pueda ir mal o se canse de esa inversión y lo tenga que vender nos podemos encontrar con otro escenario igual al actual.

Pero el problema que yo veo es que nadie quiere invertir en el fútbol -esto está demostrado- tanto cuando se constituyó la sociedad hace diez años, como cuando mi grupo intentó vender las acciones atomizadas a los aficionados.

Con relación al tema económico, quiero remitirme a una entrevista al director financiero y vicepresidente, señor Liberal, en la que dejaba claro cómo estaba la salud financiera del Alavés a la fecha de nuestra salida. Como recordarán, el actual presidente, dos meses después de haber firmado la compra de acciones, a la cual se adjuntó una auditoría, contratos, situación financiera y demás documentos que en estas transacciones se efectúan, comentó que había comprado muy, muy barato y que la situación del Alavés era la mejor de todo el fútbol español.

Cuando se efectúa una venta se compra el activo y el pasivo, es decir, ingresos de abonados, ingresos de televisión, publicidad, etcétera y, si hay pagos pendientes, se hace frente a las obligaciones que hay contraídas.

Asimismo, cuando alguno te tacha de tener poco cariño al club, yo me siento orgulloso de haber pertenecido durante quince años a cargos de responsabilidad en este club. Creo que se ha hecho la historia más importante de los años de vidad de la entidad. Soy el abonado número 707, con 36 años de antigüedad y el máximo accionista a nivel individual, con un porcentaje cercano al 9%, después de la sociedad propietaria del 51%.

Las acciones que poseo siempre estarán disponibles para ayudar a la mejora de imagen y gestión de esta entidad, cuya situación actual lamento profundamente y nunca pude imaginar.

Espero que esta nota sirva exclusivamente, como he dicho al principio, para informar y aclarar algunas cuestiones que se han puesto en duda. No pretendo más. Nada más lejos de mi intención que el crear polémica alguna. Respeto todas las opiniones y los diferentes puntos de vista que puedan existir, pero los hechos son los que he escrito y las actuaciones mías y del grupo que representaba en el accionariado del club han sido en todo momento honestas y, mientras ostenté la responsabilidad de presidente, pensadas y realizadas en beneficio del club.



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