La teoría de los viernes vacíos de contenido en la F-1, arranque del fin de semana con poco que hacer, se eleva al cuadrado en el caso de Mónaco. La única actividad destacable ayer en el puerto de los yates era el trajín de bikinis en la piscina flotante que ha montado Red Bull, el especialista en fiestas y en captar teleobjetivos. Un número ingente de pilotos estaba más por el chapuzón y la sauna en el hotel que por la visita a los campamentos de trabajo. Fernando Alonso se alineó con la facción currante.
Comió en el chiringuito de Renault porque quería pulir estrategias con los ingenieros para hoy, sesión de clasificación para el Gran Premio de los lujos. Un sábado para decidir el resultado del domingo. Así ha sido históricamente en Montecarlo. Y con el paso de los años se ha acentuado la tendencia. El que sale primero, gana. O como mucho, el que ocupa la segunda posición. Pero más allá de la primera línea, el resultado canta por previsible: escasa, casi nula posibilidad de triunfo.
Único
Mónaco goza de inmunidad entre las gentes de la Fórmula 1. Se trata de un circuito a la vieja usanza, urbano, bacheado, con los restos del tráfico diario, y que no provoca ninguna adhesión por la parte de los pilotos. «No es lo que más me gustan porque no se puede exprimir al máximo la velocidad, no puedes ir al límite, que es lo que se trata», dice Alonso.
«Montecarlo es único. No se pueden hacer pruebas porque no hay ningún circuito que se le parezca», explica Michael Schumacher. «Adelantar es imposible, por lo estrecho y por el tipo de curvas. La aerodinámica del morro del coche es fundamental para tener alguna opción de victoria», concluye Raikkonen.
Los pilotos soportan el Gran Premio de Mónaco, pero nadie lo cuestiona. Es como quitar Wimbledon del calendario porque llueve o retirar el Angliru de la Vuelta porque es muy duro. De eso se trata, de potenciar la diversidad. Un vistazo a la estadística desvela que el rey de Mónaco es Ayrton Senna, para muchos las mejores manos de la historia, seis veces ganador en el puerto mediterráneo.
El adelantamiento imposible en este circuito cuestiona la esencia de la Fórmula 1. Dos enclaves rebaten esa invitación al aburrimiento: la chicane en la salida del túnel, según se baja en dirección a los yates, y la curva de Mirabeau, una recta antes del famoso giro de 180 grados en el Gran Hotel. Y poco más, porque Mónaco pone a prueba la versatilidad de los coches y la pericia de los pilotos.
Tomar riesgos
Ganan, sobre todo, los que exprimen su talento el sábado. En las últimas diez ediciones, sólo dos pilotos vencieron en Montecarlo sin salir de la primera línea. Fueron Montoya (2003) y Coulthard (2000). Lo demás consistió en éxitos de los dos mejores del sábado. Raikkonen, Trulli, Michael Schumacher y Hakkinen certificaron la teoría que hoy intentará aplicar Alonso.
El asturiano nunca triunfó en el Principado y quiere estrenarse. «Es necesario tomar muchos riesgos en la contrarreloj. Si sales en primera línea y acabas la carrera, es casi seguro que estarás en el podio. Si no te clasificas entre los cinco primeros, puedes olvidarte de subir al cajón», señala.
Un concepto que no comparte Schumacher, más veterano y experto en lides monegascas. «Sin la pole también se puede ganar. Lo esencial es disponer de una buena estrategia y de un coche rápido. Se puede ganar saliendo desde el tercer, el cuarto, el quinto o el sexto puesto. Más no».