Resulta complicado poner límites a la progresión de Rafa Nadal. A sus 19 años -cumplirá 20 el próximo 3 de junio-, es un talento en plena y constante ebullición. No deja de sorprender, de crecer, de mejorar con cada raquetazo. El año pasado nadie se atrevía a cuestionar la supremacía del suizo Roger Federer en el panorama internacional, pero este joven manacorí se ha encargado de remover los cimientos del tenis mundial en unos pocos meses. Su infinita capacidad de lucha, su físico portentoso y su prodigiosa ambición le sitúan como uno de esos tenistas llamados a inscribir su nombre en las primeras páginas del libro sagrado de este deporte. De hecho, sólo unos pocos elegidos pueden presumir de haber ganado Roland Garros -el segundo Grand Slam de la temporada- en su primera participación o de haber derrotado a Federer, un jugador con una facilidad insultante para jugar al tenis, en cinco de las seis veces en las que se han visto las caras.
En este sentido, no extrañan las palabras del suizo, cabeza de serie número uno, cuando señala al mallorquín como el «gran favorito» para volver a reinar en el torneo por excelencia de la tierra batida que arranca mañana en París. Nadal tiene todo lo necesario para revalidar el título que consiguió el año pasado ante Mariano Puerta y para seguir agrandando su leyenda sobre la superficie de polvo de ladrillo. Y es que el zurdo de Manacor sólo tiene que conseguir doblegar al sueco Robin Soderling, 49 del mundo, en primera ronda para sumar su triunfo número 54 sobre tierra batida y batir así el histórico récord del argentino Guillermo Vilas.
Grand Slam
Pero no será una tarea fácil. Algunos de los principales cabezas de serie, como Andy Roddick y Lleyton Hewitt, llegan al templo de la tierra batida con importantes problemas físicos y otros, como el argentino Guillermo Coria, finalista en 2004, o el brasileño Gustavo Kuerten, todo un tricampeón (1997, 2000 y 2001), ni siquiera podrán participar. Sin embargo, si estará el más peligroso de todos, Roger Federer, y con ganas de revancha. Roland Garros es el único de los torneos importante que falta en su vitrina. El año pasado se quedó a dos partidos del título -perdió con Nadal- y esta temporada, en la que ya se ha adjudicado el Open de Australia, Federer tratará de trasladar su hegemonía en el resto de superficies hasta la tierra batida de París para firmar una de las mayores proezas en la historia del tenis: completar el Grand Slam, vencer en los cuatro 'grandes', en dos temporadas. Algo que sólo se ha conseguido en tres ocasiones (1938 -Donald Budge-, 1962 y 1969 -Rod Laver-). Conviene recordar que sus predecesores jugaban sobre dos superficies, por las tres de hoy en día.
A la espera de Safin
Todos los ojos estarán fijados en Nadal y Federer. Pero detrás de ellos aparecen tenistas como el ruso Marat Safin, que se ha recuperado de una complicada lesión de rodilla, el argentino David Nalbandián o el español Tommy Robredo, vencedor en el Masters Series de Hamburgo hace sólo unos días, con posibilidades de sorprender a los dos principales candidatos al trono parisino. Por el momento, ambos huyen de favoritismos. «Lo normal es que no gane», dijo ayer Nadal. La mayoría opina lo contrario.