El pintor e ilustrador Carlos Ochagavía (Logroño, 1913), vinculado a la figuración, recibió ayer, en los salones del Círculo Logroñés y de manos del presidente de La Rioja, Pedro Sanz, el Galardón a las Bellas Artes Riojanas 2006, que concede el Gobierno regional por noveno año consecutivo para premiar toda la obra de un creador en el ámbito de las artes plásticas en cualquiera de sus manifestaciones. «Estoy muy agradecido; espero no defraudarles en el futuro y que sigan orgullosos de mí», señaló, con emoción y cierto aturdimiento, tras recibir el galardón.
Sanz y el consejero de Cultura, Luis Alegre, presidieron el acto de la entrega del premio, que incluye una exposición del artista premiado en el claustro alto del Parlamento, que, en su caso, se puede ver hasta el 25 de junio y consta de 35 pinturas, una película de animación y numerosas ilustraciones para portadas de libros, billetes de curso legal o estampillas postales. Ésta es la primera exposición del pintor en La Rioja, donde es un completo desconocido para el público. ¿Cuál es la razón?, fue la pregunta que se hizo Sanz. «Su fabulosa sencillez, su sorprendente humildad».
Acto de justicia
El Galardón a las Bellas Artes viene a sacarle del olvido. En su discurso, Sanz definió a Ochagavía como «el emigrante que regresa a su tierra triunfal, con el equipaje rebosante de éxitos y de fama. Y eso llena de orgullo a sus paisanos». El resto de sus palabras estuvieron dedicadas a destacar sus cualidades creativas «auténticamente excepcionales» y su proyección internacional. El pintor ha pasado la mayor parte de su vida en Argentina y Estados Unidos y, por fin, se reencuentra con su tierra, mientras que los riojanos descubren su talento.
Para Sanz, «paradójicamente, los verdaderos emigrantes somos los riojanos y no él. Emigrantes de una obra artística que necesitamos visitar para conocer más en profundidad La Rioja, porque es la obra de un riojano, de un riojano que ha sido reconocido por el público y por la crítica y cuyas creaciones son festejadas por todo el mundo». Dicho esto, el presidente consideró este premio como un acto de justicia y le entregó el galardón. Artistas, políticos e invitados del homenajeado rompieron en aplausos. A sus 93 años y con una reciente lesión de cadera, Ochagavía se sentía atolondrado.
«Estoy muy agradecido; espero no defraudarles en el futuro y que sigan orgullosos de mí», fue la única frase que pronunció. Con anterioridad, el anticuario y galerista Enrique Martínez Glera recorrió los 93 años de la biografía del premiado. Carlos Ochagavía nació en 1913 en Varea y su vida ha sido tan intensa como su obra («es una película», dijo). Hijo de un litógrafo que emigró a Argentina en 1915 cuando él tenía dos años, no llegó a trabajar en la imprenta familiar, llamada 'Iregua' en recuerdo de su origen riojano, al decidirse a encaminar sus pasos hacia la actividad artística.
Estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Buenos Aires y completó su formación en Estados Unidos, donde enseguida empezó a destacar como ilustrador y a triunfar profesionalmente. Pero, por encima de cualquier otra consideración, Ochagavía es un artista multidisciplinar que lo mismo producía cortometrajes publicitarios y de dibujos animados, que realizaba ilustraciones para la revista 'Time' o para la ONU y pintaba sin parar. De sus estudios de Connectica (Estados Unidos) y Buenos Aires han salido obras que se encuadran en el hiperrealismo, el cubismo o el surrealismo.