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Sábado, 27 de mayo de 2006
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LA RIOJA
JOSÉ LUIS MORENO, EX SECRETARIO DE ARRÚBAL
«Pasé una situación de auténtico infierno y diversos tipos de acoso»
El ex secretario del Ayuntamiento de Arrúbal cuenta su versión de los hechos que han desembocado en la sanción penal y la inhabilitación del alcalde San Pedro
«Pasé una situación de auténtico infierno y diversos tipos de acoso»
El ex secretario de Arrúbal, José Luis Moreno, durante la entrevista. / RAFAEL LAFUENTE
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LOS DATOS
La historia: El 27 de febrero de 2002 la Dirección General para la Administración Local del Ministerio de Administraciones Públicas nombra como secretario-interventor del Ayuntamiento de Arrúbal con carácter definitivo al funcionario público de carrera José Luis Moreno. Desde entonces, la negativa del alcalde de la localidad, Antonio Fernández San Pedro, a darle posesión del cargo hasta cinco veces ha desembocado en un largo proceso judicial, siempre resuelto a favor del funcionario. Tras la condena penal de San Pedro por prevaricación y su inhabilitación para el cargo confirmada por el Tribunal Penal y la Audiencia Provincial, el condenado -que ha defendido su inocencia en múltiples ocasiones- aún mantiene un recurso abierto ante el Tribunal Constitucional; así como la petición de indulto; incluso, ha mencionado la posibilidad de recurrir ante el Tribunal de Derechos Humanos de La Haya.

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En mayo de 2002, tras varios meses de «acoso» y de una «situación jurídica indeterminada (...) no es habitual que un alcalde no quiera dar posesión al secretario», le dieron la baja y solicitó el cambio de destino. Ahora, cuatro años y varios juicios más después, José Luis Moreno es secretario interventor en Villoslada. Conocido es su conflicto con el alcalde de Arrúbal, el socialista Antonio Fernández San Pedro, condenado por prevaricación por no dejarle tomar posesión de su plaza de secretario interventor. Una plaza que, en el año 2002, estaba siendo ocupada por Valvanera Gómez Leiva, sobrina de la número dos del Ministerio de Administraciones Públicas, la riojana Ana Leiva. «Feliz» e «integrado» en su destino camerano, Moreno cuenta su versión de lo sucedido.

-¿Cómo empezó esta historia?

-Yo estaba trabajando de manera provisional en el Ayuntamiento de Castañares de Rioja y el alcalde de Arrúbal, me llama -en febrero de 2002- y me dice que tiene interés en hablar conmigo.

-¿Dónde quedaron, qué le dijo él?

-Fuimos al bar Cóndor, en la calle Calvo Sotelo de Logroño. Nos sentamos y me dijo: «Me he enterado de que te ha tocado venir a Arrúbal, mira a ver si puedes ir a Ribafrecha u otro lado, porque ya tenemos una secretaria. En Arrúbal no vas a entrar de ninguna manera. No te compliques, Vas a tener muchos problemas. Y yo haré todo lo que esté en mi mano para evitar que tomes posesión».

_¿Pensó en rechazar la plaza?

-Sí, pensé, ¿voy donde me digan! Aquí no quiero ir, que voy a tener problemas... Pero, claro, una plaza adjudicada en concurso es irrenunciable. El funcionario tiene el derecho y el deber de ocuparla. Si renunciaba perdía la plaza, ¿y la oposición! De todas formas, consulté con la Administración de Logroño a ver si había posibilidad de ir a otro destino provisional, de una permuta. Lo hago y me dicen lo que ya sabía: no se puede renunciar, debo tomar posesión.

-Y, ¿qué pasa entonces?

-Intentó hacer lo posible por no darme posesión: me dice -lo reitera muchas veces-, que él no lo hará. A partir de ese día voy varias veces al Ayuntamiento. El alcalde no está o no me recibe. Mando un buro-fax solicitando una cita. Nunca me responde.

-Su plazo se agotaba...

-Claro. El plazo acababa el doce de abril, y yo tenía que demostrar que había ido a tomar posesión o perdía la plaza, y eso traté de hacer. El 8 de abril (tras muchos intentos infructuosos) acudo con un notario -para dejar constancia-, el presidente del Colegio de Secretarios de La Rioja, y una amiga que lleva una cámara de fotos. Somos recibidos en la Casa Consistorial con pancartas, abucheos, amenazas, empujones e insultos de unas 60 personas de todas las edades, dentro y fuera del edificio. Nos dicen: «cabrón», «hijo de puta», «fuera, fuera, Moreno, aquí no te queremos», «a cascala' por ahí», «tiradlos por la escalera». «Valvanera estamos contigo».

-Describe usted una situación grotesca. ¿Pasaron miedo?

-Fue surrealista... Incluso hubo un momento en que, en las escaleras, un grupo de personas, diciendo que me conocían, se avalanzaron sobre el presidente del Colegio -confundiéndolo conmigo-, diciéndole: «Te conocemos, Moreno, eres un cabrón» y zarandeándole, ¿pensando que era yo! Mi amiga estuvo coaccionadísima. Le amenazaron con partirle los dientes si no dejaba de hacer fotos. Al menos, volvimos con el acta notarial de que había tratado de tomar posesión y no pude... No sé si pasé miedo: ¿debía defender mi puesto de trabajo!

-Quedaban cuatro días del plazo...

-A los cuatro días hubo una reunión surrealista. En ella, el alcalde me hizo entrar solo a una sala con seis o siete personas: yo, intimidado por los siete -cuando esto se suele firmar sólo entre el alcalde y el secretario-. Entre ellas, María Nieves Sampedro Balmaseda, el aparejador municipal, la secretaria Valvanera Gómez Leiva (con quien intenté hablar en alguna ocasión pero no me hizo caso, estaba como en un segundo plano)... Al final, decidieron que yo no había podido tomar posesión porque no traía el cese del anterior destino -algo que no se pide nunca y que era una excusa-, me arrancaron el acta de las manos cuando escribía...

-¿Se sintió solo durante todos estos acontecimientos o recibió apoyo?

-Me sentí bastante solo. Fui al Juzgado de Guardia solo y nadie me ayudó -aparte de un abogado del Colegio de Secretarios-. A partir de aquí, estos hechos fueron los que se juzgaron, y por los que el

alcalde fue condenado. Claro que, cuarenta días después -que aún no se había celebrado el juicio-, me llamó para tomar posesión y pasé cuatro días de infierno en el Ayuntamiento de Arrúbal... Imagino que intentaban hacerme un expediente disciplinario por no cumplir con mis obligaciones.

-¿Volvieron a amenazarle?

-No, afortunadamente eso no. Pero pasé una situación de auténtico infierno, enfrentándome a diversas situaciones de acoso. Y hubo hechos tan graves o más que no han sido objeto de juicio.



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