Si se mira desde lejos, el imponente edificio de acero y cristal puede ser confundido con una catedral futurista, que encaja casi a la perfección en el horizonte arquitectónico que ofrece la capital alemán. Si se mira desde cerca, la nueva estación central de ferrocarriles de Berlín puede ser comparada con un moderno palacio o, como anotó la revista 'Stern', con una estación espacial anclada en las márgenes del río Spree.
La nueva Hauptbanhof de Berlín, que fue inaugurada ayer por la canciller Angela Merkel, es todo eso y algo más. Aparte de ser la estación de ferrocarriles más moderna y grande de Europa, no es exagerado añadir que el edificio es una colosal obra de arte de la arquitectura y la ingeniería, que le costó al contribuyente alemán 800 millones de euros.
«La más bella del mundo»
«Es posiblemente la estación de trenes mas bella y funcional del mundo», dijo el presidente de los ferrocarriles alemanes, Hartmut Mehdorn, en vísperas de la inauguración, orgulloso de una obra arigida durante los últimos ocho años a orilla del río Spree, en una zona que fue durante décadas un enorme solar vacío a causa del odioso muro.
Se puede estar de acuerdo o no con Mehdorn, pero nadie puede criticar al ejecutivo cuando afirmó que la construcción de la nueva catedral sobre raíles de Berlín es la más reciente demostración de lo que ha hecho el país desde la histórica unificación para borrar la división entre el Este comunista y el rico Occidente alemán.
Es cierto. La nueva estación de ferrocarriles, con su techo transparente de 340 metros de largo, ofrece lo más moderno que pueda esperar el viajero: decenas de tiendas y restaurantes y mil trenes diarios que cruzarán la ciudad de norte a sur y, a través de un túnel de 3,5 kilometros, de este a oeste.
La inauguración de la nueva estación central hace realidad un colosal cruce ferroviario que devuelve a Berlín el prestigio que tenía gantes de que llegara Hitler al poder. Desde ayer, la capital alemana ofrece al viajero el más importante cruce ferroviario de Europa en pleno centro. En la superficie se podrá coger el tren París-Moscú y 15 metros más abajo, conexiones a Estocolmo o Roma. La nueva estación, que ocupa 70.000 metros cuadrados repartidos en cinco niveles, recibirá unos 300.000 pasajeros al día. Cada 90 segundos, un tren partirá de esta catedral sobre rieles.