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Sábado, 27 de mayo de 2006
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El «carajo»
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Ustedes ya conocen nuestra «carajoteca» en la cual están incluidas esas presuntas esculturas que se colocan como ornamento de la vía pública y que hemos definido con el nombre de «carajos», derivado de la frase que pronuncian los que contemplan tales obras: «¿Qué carajo es esto?».

El hecho de que yo, y conmigo muchísimos lectores, definamos estas obras con el nombre de «carajos» no significa que sean unos adefesios. Ese calificativo va dirigido más bien a su línea moderna, que no ha de ser siempre merecedora de adjetivos peyorativos, porque en nuestra «carajoteca», como en las boticas, hay de todo y no voy a señalar a ninguno de ellos. Que cada cual los califique según su criterio, y aquí paz y después gloria.

Hablamos hoy de este tema porque tenemos ya en nuestra vía pública un nuevo «carajo» colocado en esa plazuela que existe frente al templo nuevo de los Pasionistas, que sustituyó a aquella popular iglesia de San Felicísimo adonde los padres llevábamos siempre a nuestros niños pequeños para que les hiciese buenos cristianos y expulsara los demonios de sus mentes.

El nuevo monumento es fácil de explicar porque consiste en dos grandes cubos de piedra de color gris oscuro, puestos uno encima del otro formando un gran prisma cuadrangular en cuyas caras se han colocado unos pegotes de piedra más clara a modo de manchas para animar la superficie de la obra.

Algún amigo me ha pedido mi opinión sobre este nuevo «carajo» y es posible que se lleve un desengaño si le digo que los he visto peores. Y, sobre todo, si le digo que este tipo de monumentos escultóricos me parecen estupendos porque gracias a ellos nos podemos ahorrar los gastos del escultor, que, haga lo que haga, siempre pide elevadas sumas por sus obras.

Con este tipo de obras de arte podemos disponer de esculturas públicas sin más gastos que el material y el transporte. Basta con ir a una cantera o a unos astilleros y pedir cualquier bloque de piedra de desecho (eso sí, que sea grande) o un par de chapas de hierro de esas que no sirven para el barco (que sean grandes, repito) y colocarlas en el centro de una plazuela o de unos jardines y ya tenemos una escultura pública sin más gastos que el material y el alquiler de una grúa y un camión... Creo que esta ventaja del moderno arte escultórico merece ser tenida en cuenta.



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