El Correo Digital
Sábado, 27 de mayo de 2006
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VIZCAYA
EL BAFLE
Nada edificantes
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Lleno el jueves en el Rock Star para ver a Los Delinqüentes jerezanos. Abrió el veterano Kiko Veneno en trío acústico, formato que le resta gracia y brillo. Nosotros, acodados en la barra hablando de La Divina y lo humano, casi ni oímos a Kiko entre el rumor y el jaleo imperantes en las dos terceras partes traseras del caldeado local, un murmullo que se acalló en las piezas del pasado, como la dylaniana 'Memphis Blues' o la callejera 'Joselito'.

Viendo pasar la tropa de tías con atuendos veraniegos vertiginosamente escotados, volvimos a dudar si superaríamos este estío cuando nos distrajo la salida de Los Delinqüentes, inventores del sentimiento garrapatero (o sea, parasitario, ¿no?) liderados por Canijo y Ratón (Migué apareció muerto de sobredosis en su cama), con sombreros de sepulturero-pistolero que les conferían una pinta de haraganes entre Alice Cooper y Raimundo Amador.

Y ellos a lo suyo, «a disfrutar y a bailar» con su rumbita nada edificante, inspirada en y preconizadora del hedonismo a ultranza, con destellos de rock raimundista ('Tabanquero', la del estribillo «dame de beber»), danzas sevillanas del gentío ('El aire de la calle', la que reza «en la plazuela fumando flores») y la velocidad de Mártires del Compás ('Fumata del ladrillo', esa que denuncia «no tiene papel, se lo ha llevado Rafael», y donde apuntó el sabio Pato: cada maestrillo tiene su librillo).

Los tipos se autodefinieron al salir con el peretiano 'No llevamos na', pero también se pusieron socialmente críticos, pues ya vale de portar el conformismo por bandera y mejor señalar a algo tan tóxico como la televisión (la kikovenenosa 'Ya nadie te quiere'). Y así fue el encuentro, con interludios futboleros-kalimotxeros, hasta llegar al final, las tres últimas piezas junto a Kiko y su banda, hasta siete músicos en total perdiendo fuelle y cerrando con un 'Volando voy' estirado más un jaleo flamenco de andar por casa.



Vocento