Cuanto mayor sea el cambio de rumbo que se plantea una sociedad, mayor debe ser el porcentaje de partidarios del cambio. No sólo porque se requiere el asenso, y hasta el entusiasmo, de un mayor número para asumir activamente los esfuerzos y sacrificios de ese mayor cambio, sino porque así habrá menos adversarios que, con la esperanza de revertir en el futuro esa voluntad ahora mayoritaria, dediquen sus esfuerzos a hacerla fracasar. De ahí que me parezca lamentable, y una fuente más de inestabilidad para los Balcanes, el que se haya establecido una mayoría de sólo el 55% para la independencia de Montenegro, conseguida por los pelos. Y que me parezca aún peor que ciertos independentistas vascos y catalanes estimen 'excesiva' esa mayoría, cuando se deberían reclamar al menos dos tercios. Así podría tener éxito su eventual independencia, y los demás saldríamos de la pesadilla que nos recuerda el corrido mexicano: 'Y dices que te vas, que te vas, y no te has ido'.
Hablamos muy en serio. Desde el otro lado, incluidos los vascos y catalanes que hemos tenido ya que emigrar ante el acoso de nacionalismos excluyentes, debemos exigir a todos que tomen conciencia de que no podemos seguir así: o se deja de ceder cada vez más ante los nacionalismos, llegando al extremo, como ahora en Cataluña el PSC, de adoptar la ideología nacionalista para atraer durante un tiempo algunos votos, o habrá que negociar una secesión que termine con una situación de incertidumbre cada vez más dañina para todos.