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Domingo, 28 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
EL PERSONAJE

TRUMAN CAPOTE
En busca de un cuarto caldeado
En busca de un cuarto caldeado
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BIOGRAFÍA
1924. Nace en Nueva Orleáns, hijo de Lillie Mae, que es casi una niña, mona e impresionable, y de Arch Persons, un vulgar charlatán.

1930. Le dejan al cuidado de unos tíos ya mayores.

1932. Tras algunos malos pasos, su madre se casa de nuevo, con Joe Capote. Truman va a vivir con ellos a Nueva York.

1946. Sale con Newton Harbin, un brillante catedrático de literatura.

1948. Conoce a Jack Duphy, con quien vivirá más de treinta años.

1954. Muere su madre por una sobredosis de barbitúricos.

1958. 'Desayuno en Tiffany´s'.

1966. 'A sangre fría'.

1975. Aparece 'La côte basque', un capítulo suelto de 'Plegarias atendidas'.

1984. Tras irse matando con tesón, muere sin haber cumplido los 60.

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Tras el éxito de la película 'Truman Capote', se han reeditado en España sus cuentos completos, la biografía escrita por Gerald Clarke y un libro de cartas. La biografía (un libro imprescindible, que se lee como la mejor novela) lleva como reclamo una foto que no es del escritor, sino de Philip Seymour Hoffman, el actor que obtuvo un Oscar haciendo de él. Habría sido divertido conocer la opinión de Capote sobre esa portada.

Cuando Carson McCullers descubre su verdadero nombre, y le amenaza, jugando, con desvelarlo, Truman sonríe como una serpiente de cascabel: «Tú hazlo, guapita -dice casi silbando-, y yo les diré que el tuyo es Lula Smith». Lo primero es el nombre, lo segundo la imagen. Tiene 21 años y sólo ha publicado dos o tres cuentos en revistas femeninas. Sin embargo, ya aparece en la portada de 'Life', como representante de los novelistas norteamericanos que heredarán a Faulkner. Lo tercero es la escritura: sólo eran dos o tres cuentos, pero muy buenos, a la vez tiernos, poéticos, cínicos y maliciosos.

Su aspecto le ayudó en el propósito de no pasar desapercibido: escasa estatura, cara de niño/a (le dan un vaso de leche en una fiesta, cuando espera un dry martini), un mechón rubio sobre la frente, voz agudísima y gestos decididamente afeminados. Es inteligente, chismoso y divertido. Se lo rifan en las fiestas. Conoce a algunos escritores y, en seguida, a los ricos. Sólo Scott Fitzgerald sintió por ellos una fascinación semejante. Invirtió en gustarles buena parte de su talento. Sin embargo, podía vivir con austeridad, y durante años lo hizo, en Tánger, Paros o Palamós, donde la vida era barata para un americano.

«Se derraman más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas». Esta frase de Santa Teresa explica muchas cosas en la vida de Capote. En la isla de Paros, en esos buenos tiempos que a la postre resultan ser los mejores, está con Jack Dunphy, su amigo más duradero. Es septiembre de 1958 cuando recibe un ejemplar recién editado de 'Desayuno en Tiffany´s'. Se trata de una novela escrita en perfecto estado de gracia, que llevó al cine Blake Edwards, con Audrey Hepburn en el papel de Holly (Capote quería que fuera Marilyn) y una de las mejores bandas sonoras de la historia, 'Moon river'. La novela no termina como la película, salvo en la búsqueda del gato: «Flanqueado de macetas con flores y enmarcado por limpios visillos de encaje, lo encontré sentado en una habitación de aspecto caldeado, (...) seguro que había llegado a un sitio que podía considerar como su casa». Desde Paros, Truman escribe a su editor y, ya entonces, le habla de 'Plegarias atendidas'. Quiere ser el nuevo Proust, y que su novela sea otra 'En busca del tiempo perdido', en la que contará historias de los ricos próximos. Siempre pensó que se debe escribir sólo de lo que se conoce bien. 'Otras voces, otros ámbitos' y 'El arpa de hierba' estaban inspiradas en su infancia. La historia de Holly, tomada de su amiga Doris Lily, certera cazadora de millonarios. 'A sangre fría', documentada al detalle en seis largos años.

Alcohol y drogas

En la fiesta que da para celebrar el acontecimiento editorial de 'A sangre fría', se siente en la cumbre. Tiene éxito literario y la beauty (Kennedy, Agnelli, Niarchos, ) se lo disputa. Dispone del cuarto de invitados en las mejores casas, y pasaje en diferentes aviones y barcos privados. Desde allí sólo se puede descender, y lo hará de golpe, por diversos atajos abruptos, como el alcohol y las drogas. Pronto perderá la concentración. Fue un gato callejero al que su madre se quitó pronto de en medio. Estuvo mirando la casa de los ricos hasta que le dieron de comer y, conseguido esto, siguió haciendo monerías para que le abrieran la puerta. Al fin, se sintió propietario. Cuando, ya en 1975, publica un capítulo de 'Plegarias atendidas', la novela que nunca llegará a terminar, sus amigos del club más selecto reconocen, espantados, las confidencias más íntimas e inconfesables que le hicieron. «¿Soy escritor, qué pensaban!», «¿Esto es Proust, guapa, es precioso!». Pero Anne Woorward, una de las personas aludidas en el libro, se toma una dosis mortal de seconal. Capote ha llegado más lejos, en eso, que Proust. El verdadero barón de Charlus se había limitado a esfumarse, sumido en una melancolía definitiva, tras reconocer su caricatura en el libro de Proust. Los ricos dan un respingo moral y le hacen sentir a Capote lo ingenuo que fue si alguna vez pensó que había llegado a ser uno de ellos. «Yo no quería herir a nadie. No pensé que fuera a armarse tanto alboroto». Pero le ponen otra vez en el callejón. Sólo le queda Jack (al menos durante el tiempo que Jack lleva suelto en el monederito de su metódica rutina).



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