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Domingo, 28 de mayo de 2006
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'annie hall'
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«No te metas con la masturbación. Es hacer el amor con alguien que amo», le decía Woody Allen a Diane Keaton en 'Annie Hall' (1977), la primera obra maestra del neoyorquino.

Atrás quedaban sus primeras parodias, jalonadas por brillantes gags verbales y visuales, en las que dio forma al personaje que le haría popular: el pequeño intelectual desamparado, frustrado en la vida y en el amor. 'Annie Hall' estuvo a punto de titularse 'Anedonia', el nombre de la enfermedad que padece el protagonista: un estado psicológico en el que nada de lo que haga consigue proporcionarle placer.

Cuatro Oscar consagraron esta reconstrucción del apogeo, declive, resurrección y colapso de las relaciones amorosas entre un cómico judío y una WASP de Park Avenue. Allen pasa revista a sus relaciones con las mujeres y descubre su verdadera personalidad entre un cúmulo de aventuras surrealistas. Hay viñetas cómicas, pero el tono es menos egocéntrico, más maduro y sentido que en sus filmes anteriores.

'Annie Hall' contiene ya la suma de su filosofía existencial. De fondo, una Nueva York a la vez denostada y exaltada, que se convertiría dos años después en la razón de ser de la maravillosa 'Manhattan'. Un autorretrato finamente denigratorio, en el que lo humorístico se topa con lo patético, Groucho Marx se encuentra con Flaubert. Irresistibles parlamentos a cámara: «Dos viejecitas están de vacaciones, y una de ellas dice: 'Dios mío, la comida es infecta en este lugar'. La otra responde: 'Sí, y las raciones son tan pequeñas...'. Así es cómo veo yo la vida. Llena de soledad y miseria, de sufrimiento y desgracia. Y, además, se acaba enseguida».



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