El 25 aniversario del fallecimiento de Robert Nesta Marley, rubricado el pasado 11 de mayo, ha vuelto a proyectar la atención mediática sobre el profeta del reggae, sólo un año después de que ocurriera algo similar con su 'teórico' sesenta cumpleaños: su viuda Rita quiso celebrarlo exhumando su cadáver para trasladarlo a Etiopía, la tierra prometida de los rastafarianos.
Pese a su tardío reconocimiento por parte de la industria -fue distinguido honoríficamente en los Grammy ¿de 2002!-, Marley sigue siendo uno de los mitos más magnéticos de la cultura pop. El reggae no nació ni murió con Marley; Jamaica ya tenía una apasionante efervescencia musical anterior que sigue conservando. Pero dejó una huella tan imborrable como rentable. Según la revista 'Forbes', quien fuera la primera estrella pop del Tercer Mundo hoy es -tras Presley y Lennon- el músico muerto que más dinero genera al año. No está mal para un artista que nunca logró un número 1 en vida. Eso no ha sido óbice para que el cantante haya colocado más de 250 millones de copias de un catálogo que Island volvió a exprimir en 2002 con una antológica reedición de los doce álbumes que los BMW grabaron para Chris Blackwell.
Para el mundo del pop, todo comenzó con 'Catch a Fire', el primer disco de reggae concebido para ser promocionado y vendido como un disco de rock. Su gestación se debe a Blackwell. Cuando en 1972 una mánager le ofreció la posibilidad de trabajar con los Wailers, no lo dudó, y les adelantó 4.000 libras para grabar un disco en Jamaica. El resultado fue 'Catch a Fire', una colección de canciones con gemas insuperables como 'Concrete Jungle', 'Slave Driver' y 'Kinky Reggae'. La reedición 'Deluxe' de esta piedra angular del reggae y del pop incorpora dentro de un lujoso 'digipack' la versión original del álbum. Una joya registrada en ocho pistas con un sonido rancio, desnudo, lleno de soul y elegancia que luego Blackwell, pensando en el público rock, atemperaría con las aportaciones del guitarrista John Brundick y el teclista Wayne Perkins.