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Domingo, 28 de mayo de 2006
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SOCIEDAD
TOROS
Faenas de Ventura y Cartagena
Faenas de Ventura  y Cartagena
Ventura coloca una banderilla a su segundo. / EFE
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SAN ISIDRO
Seis toros despuntados para rejones de Flores Tassara. El tercero, el mejor. Flojo y bueno el quinto. El cuarto no atendió a los caballos. Mansotes los dos primeros. Rompió a bueno el sexto.

Rui Fernandes, silencio y silencio tras un aviso. Andy Cartagena, saludos y oreja con fuerte petición de la segunda. Diego Ventura, oreja y ovación.

Las Ventas. 18ª de feria. Lleno.

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Más méritos que ninguna sumó la faena de Diego Ventura al sexto, toro inmenso y uno de los dos más ajenos al reclamo del caballo. Ese carácter lo acusó en grado superlativo el cuarto, que en cambió tomó los vuelos de los capotes con embestida humillada de excelente compás. El sexto, que también quiso capa pero sin tanta calidad, no fue fácil de encelar.

Los méritos de Ventura radicaron en la habilidad para provocar al toro con la grupa en cites muy ceñidos y para ajustarse en embroques al cuarteo por dentro y al estribo. Encelado el toro, Ventura se pasó al espectáculo puro. La sorda presencia de un toro tan grande hacía como de fondo de raro paisaje. Poco certero en los rejones de castigo, uno delantero y otro desprendido, Ventura clavó arriba con las farpas largas y con las cortas en un carrusel. Diego enterró rejón mortal ladeado y trasero que trajo lenta muerte. La agonía se llevó una oreja y quién sabe si no las dos y la puerta grande que se le había medio abierto en el primero de los dos turnos. Durante el cual torear fue bastante menos complicado porque el tercero galopó de salida y Ventura lo vio tan claro que se atrevió a atacar de frente y a pitón contrario en los rejones de castigo.

Muerte lenta

En banderillas con un albino muy dúctil, Ventura se empleó en los medios. Cumplida la base del toreo, Diego se regaló con alardes, bramaron las masas. Una estocada defectuosa, muerte lentísima del toro que recorrió más de media plaza, un descabello, se enfrió la sopa y, como no prosperaba la petición, Diego urdió hacerse traer de cuadras el caballo mágico del último tercio. Por él fue esta oreja.

Los méritos, Ventura. La emoción mayor, Andy Cartagena y sus caballos. El quinto toro fue uno de los dos gigantones de la corrida pero el más flojo. Con un rejón de castigo se cambió el tercio. Cuando se despegaba para atacar con banderillas -en un giro mal resuelto, se le fue el caballo al suelo contra las tablas-, Andy salió despedido, pero cayó de pie, y en ese instante se arrancó el toro contra caballo y jinete. Andy esgrimió al toro con una finta de cintura. Fue una maravilla. Volvió a montarse en el caballo y volvió al toro y a clavar. La gente se puso de pie.

La segunda parte de faena mantuvo la tensión. Andy decidió esperarlo en el sitio para quebrar en él sin ganarle la cara. Gran estocada y una oreja que le pareció muy poco a la mayoría. Bronca al presidente por rácano. Puñetazos entre varios espectadores y una pareja de policías de uniforme. El primero de los dos que mató Andy, parado, apagado no se prestó. El lusitano Rui Fernandes se limitó a mínimos con un cuarto toro que no quiso caballos. Con el primero, que lo desarmó en el castigo y se empleó a regañadientes, no pudo Rui repetir su habitual triunfo de mayo en Madrid.



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