Los sindicatos agrarios ven con distintos ojos el plan estratégico del txakoli impulsado por la Diputación. Mientras ENBA apoya la concentración de bodegas, EHNE se muestra muy crítico con una política que a su juicio favorece la incorporación de «empresas y profesionales que no son agricultores» a la producción vitícola. «Creo que éste es el sector en el que más abogados hay», ironiza Mikel Kormenzana, presidente de la central en Vizcaya.
«Apoyamos la unión de pequeñas explotaciones, pero no el mercadeo de derechos», sentencia. «Deberían estar regulados públicamente y concederse sólo a gente del sector». Este sindicato es partidario de «olvidarse de grandes estructuras en las que el agricultor es un mero proveedor de materia prima». En cuanto al número ideal de bodegas para Vizcaya, apuesta por «el máximo de explotaciones que sean rentables».
Unión de txakolineros
La Diputación quiere pasar de 70 a 20 bodegas, y ya ha recibido dos proyectos de pequeños txakolineros que se van a unir en Bakio y Lezama. «Es positivo que la Diputación les apoye. ¿Cuántas explotaciones deben quedar? El número lo decidirá el propio sector», afirma Íñigo Bilbao, técnico de ENBA. «No existe en el mundo una denominación de origen con tantas bodegas para este nivel de producción. La media es de 10.000 litros», enfatiza.
Bilbao no cree que se produzca una irrupción de personas ajenas al mundo rural porque el reparto de derechos «está bastante acotado. Se ha tenido cuidado y sensibilidad». Pese a sus diferencias de criterio, los dos sindicatos han detectado «preocupación» entre sus asociados. Para el reparto de este año «ha entrado mucha más gente, 60 ó 70 productores» y la superficie es más limitada.
La Diputación se ha propuesto distribuir unas 40 hectáreas y ya ha anunciado que la previsión de otorgar 135 en tres años «puede ampliarse, pero no mucho más». Íñigo Bilbao cree que «habrá que buscar alternativas rentables para los que no vean cumplidas sus expectativas, porque es gente que ha hecho inversiones para comprar terrenos».