La Diputación ha apostado fuerte por la concentración de bodegas de txakoli, una tendencia que se refleja en el reparto de nuevos suelos para cultivar viñedos. De las 80 hectáreas autorizadas el año pasado, el 65% se ha adjudicado a cuatro firmas, mientras el resto se distribuye entre otros 17 viticultores. La institución foral asegura que las explotaciones de mayor capacidad contribuirán a «fortalecer» el sector, aunque reconoce que con el auge de la producción se corre el riesgo de que «el txakoli se desligue del caserío».
«Eso es algo que nosotros no queremos que ocurra», afirma el diputado de Agricultura, Eusebio Larrazabal. «Tenemos que hilar fino para ver cómo se regula». El Partido Popular, por el contrario, considera que el daño, al menos en parte, ya está hecho. «La Diputación apuesta por bodegas grandes, promovidas en general por personas de fuera del sector, y excluye por la vía de hecho a los jóvenes agricultores y las pequeñas explotaciones», critica el apoderado Arturo Aldecoa.
El PP ha pedido la comparecencia de Larrazabal en las Juntas Generales para que explique su política de apoyo a la producción vitícola, sometida a una estricta regulación en toda la Unión Europea. Como España no puede superar el cupo de viñedos que le corresponde, se hacen transferencias de derechos entre distintas comunidades autónomas. El proceso requiere la autorización de varias administraciones -empezando por la Diputación- y dura «entre seis meses y un año. Se necesitan dos años más para plantar y otros dos para recoger la producción. Es una inversión a largo plazo, el que se mete tiene que estar muy convencido», dice Juan Ramón Muguruza, jefe del servicio agrícola foral.
En 2004 se aprobaron algunas concesiones de derechos de replantación, pero el impulso definitivo llegó el año pasado. La institución foral se marcó como objetivo distribuir 135 hectáreas entre 2005 y 2007, con el fin de garantizar «un crecimiento sostenible» de la producción. En el primer reparto se ha concedido autorización previa para cultivar 79,4 hectáreas, el 58% del total. «Casi todo lo que se ha pedido se ha dado», resume el diputado de Agricultura. Se solicitaron 87 hectáreas y sólo dos aspirantes quedaron fuera por no acreditar que disponían de los terrenos necesarios para cultivar.
Larrazabal sostiene que las grandes diferencias entre superficies -9 de las 22 concesiones no llegan a una hectárea- responden «a lo que cada uno ha solicitado. Hay bodegas muy pequeñas y proyectos de más envergadura. Es la realidad del sector». Los txakolineros tradicionales «solicitan menos superficie» para ampliar sus cultivos, mientras que «los jóvenes tiran del carro».
En la relación de beneficiarios sobresale la empresa Azloa Oxibaltza, a la que se han asignado 21,2 hectáreas. La normativa limita a diez la superficie máxima por solicitante, pero en este caso la adjudicación «es para dos años». Aun así, hay un exceso de superficie «porque no se pueden trocear parcelas». Los promotores, «gente de la hostelería que conoce el mundo del vino», van a abrir una bodega en Muxika, un proyecto que «encaja en los parámetros del plan estratégico del txakoli». Según consta en el Registro Mercantil, la empresa se constituyó en 2004 y uno de sus promotores es Aitor Zenarruzabeitia, hermano de la vicelehendakari.
Cambio del decreto
El viticultor que más derechos ha recibido es Gorka Izaguirre, tesorero del Athletic. Se le han concedido siete hectáreas a él y otras 4,5 a la bodega Iturrialde, de la que es socio y administrador general. Las otras dos firmas con más peso en el reparto son Bodegas Gurrutxaga -8,8 hectáreas para ampliar sus cultivos en Mendexa- y Basabe Upategia, que recibe 9,9 para abrir una nueva explotación en Galdakao. Entre el resto de los adjudicatarios hay seis jóvenes agricultores, dos con bodega propia y el resto con contrato para vender la uva a grandes instalaciones.
La Diputación ha modificado este año el decreto que regula la producción vitícola, aprobado nueve meses antes, para agilizar el proceso y cambiar el orden de prioridades en el reparto de derechos de replantación. Si antes figuraban en primer lugar los pequeños agricultores y los productores inscritos en la denominación de origen Bizkaiko Txakolina, ahora se admite a los que están «en fase de incorporación» y se favorecen los proyectos de concentración. «Con 70 bodegas en Vizcaya, es lo que necesita el sector», destaca Muguruza. El PP ha pedido explicaciones por la modificación del decreto, que a su juicio pretende «legalizar situaciones de hecho», en alusión al reparto realizado en 2005.