La carta de Julián V.B.Z. tiene como tema algo que ya he tratado, debatido y expuesto no hace mucho en esta tertulia: el del chupete infantil, ese cacharrito con apariencia insignificante pero que tanto para el bebé como para sus progenitores es algo importante y a veces incluso trascendental. Tan trascendental que su pérdida puede dar lugar a situaciones dramáticas, utilizando en este caso la tercera acepción de la palabra drama, que dice así: «Suceso de la vida real, capaz de interesar y conmover vivamente».
Creo que en esa definición de drama encaja perfectamente el hecho de que un niño pequeño, sobre todo si tiene buenos pulmones, pierda su chupete a altas horas de la madrugada y sus progenitores no consigan encontrarlo por mucho empeño que pongan en la búsqueda. Esto encaja perfectamente en el vocablo drama porque evidentemente se trata de un suceso de la vida real, y sin duda capaz de interesar y conmover vivamente.
El que haya pasado (como padre o madre, me refiero) por ese trance creo que lo entenderá perfectamente. Sobre todo si se le ocurre, como fue mi caso, acudir de madrugada a la farmacia de guardia a comprarlo y el farmacéutico, con un criterio un tanto cabezón, decide aplicar el reglamento negándose a vender el chupete sin receta. Mi comunicante Juliana, me cuenta en su carta lo que hacía su padre cuando era farmacéutico. Léanlo tal como me lo cuenta en su carta. Copio:
«Mi padre fue farmacéutico durante muchos años, teniendo que realizar innumerables guardias nocturnas en las que tuvo, por supuesto, que dispensar, a pesar de él, el referido chupete. Para paliar en parte esta, digámoslo 'molestia', tuvo la feliz ocurrencia de regalar al cliente, otro chupete aparte del que compraba, para que lo guardase como reserva en algún lugar de la casa. De esta manera cuando surgía la urgencia nocturna del chupete, el problema estaba solucionado sin necesidad de salir a la calle en busca de una farmacia de guardia a altas horas de la noche».
Pues mire usted, amigo Julián que admiro a su padre, tanto por su talante no exigiendo la receta para dispensar el chupete, como por la idea del chupete de regalo como reserva, pero creo que la idea no resuelve el problema. Porque si el chupete se pierde y los padres acuden al chupete de repuesto, hay que contar con que se les olvide reponerlo y volvamos a repetir el drama del chupete. Sobre todo si se encuentran con un farmacéutico que no piensa como el padre de Julián y es lo suficientemente cabezón para aplicar el reglamento.