Tras superar el jueves con más tablas a un Akasvayu al que Torres dio demasiadas vueltas a su tablero, volvíamos a Girona con el propósito de poner fin a la partida para no tener que darle más vueltas a la cabeza. Nosotros, a no perderla, tenerla asentada para evitarnos futuros dolores y ellos, a tratar de mandarnos a un quinto que nos daría jaquecas.
Primera apertura
De salida, el TAU, con las mismas piezas que en el duelo anterior: arranque en negro azulgrana con el peón Prigioni, muy blanco por su estado físico. Akasvayu encontró muy pronto a su rey McDonald, que impuso el ritmo a su antojo. En el Baskonia, sólo Luis Scola practicaba el ataque directo y construían el medio juego a base de triples.
Nuestro basket exterior no movía ficha, bajábamos más lentos que un movimiento en un Campeonato Mundial de Ajedrez y sólo jugaba el doble con peón Splitter. Las pérdidas y la canasta no eran nuestras reinas. Al descanso, enrocados en la mediocridad.
Segunda apertura
Otra salida del Akasvayu a caballo y con el TAU al trote. Las pérdidas eran un jaque y nuestro baloncesto tenía mucha 'Kaspa'. 'Alfil-o' del desastre los tiros libres fallados por el rival, el golpe en el tablero de Scola y, sobre todo, la zona -bendita zona- dejaban a los de Torres sin blanca y con el bañador en la mano.
Último movimiento
En un partido en el que la fuerza mental ganó a la falta de carácter, la zona al hombre y donde nuestro reyes supieron ser peones, logramos en Girona un jaque mate en una confrontación de cuartos sin apenas brillo.