En 1910 el ciclismo era sencillo. El Aubisque, el Tourmalet y un grupo de aventureros dispuestos a escalar aquellos colosos. A riñonazos o a pie. La trampa, entonces, consistía en 'esquivar' parte del recorrido subidos en un tren. Luego, todo se fue sofisticando, complicando. Desde el año 2000 se habla ya del dopaje genético, de deportistas transgénicos, hechos a la carta. Se estudian los genes que rigen el rendimiento físico, se han conseguido monos con una tremenda oxigenación de la sangre -un hematocrito del 70%-.... La medicina corre. Busca, por ejemplo, aliviar las anemias de los enfermos renales o de sida. Los laboratorios vuelan. Confeccionan fármacos como la EPO o la CERA para favorecer la generación de glóbulos rojos, los transportadores de oxígeno, el combustible humano. Y todo eso está ahí, al alcance de la mano. Tienta.
El hombre va camino de convertirse en una máquina. Dicen que con el dopaje genético se conseguirá, por ejemplo, un esquiador perfecto: con las piernas adaptadas a su modalidad concreta, con los reflejos de una ardilla, con una enorme capacidad pulmonar.... Será un 'superman'. Pero con un riesgo. Irá tan veloz, descenderá tan al límite, que el día que falle, que cometa un error o un despiste, se estrellará con tanta violencia que teñirá de rojo la nieve con todos su arsenal de genes perfectos. La medicina es para los enfermos y para la prevención; no para que los deportistas rebajen sus plusmarcas.
Pero en el deporte hay de todo. Como en el resto de la sociedad. Eufemiano Fuentes iba para ginecólogo. Con un currículo académico abrumador. Hasta que el atletismo primero y el ciclismo después le abrieron otro horizonte. El Orbea, el Once y el Kelme fueron sus equipos. Fuentes se instaló en la cúspide de los gurús, allí donde habitaban Conconi, Ferrari y Cecchini, los médicos más brillantes, los que lograban los mejores rendimientos para sus clientes. El ciclismo y otros muchos deportes se convirtieron en una carrera paralela: física y química. En el ciclismo, por ejemplo, se sabe, aunque no se dice en voz alta, que para ganar una prueba como el Tour hay que estar en la 'cuadra' de Ferrari o Cecchini. De este último dicen que es amigo y colaborador de Fuentes.
El deporte profesional es ante todo espectáculo. Como la NBA, donde están admitidos algunos dopantes, o la Fórmula 1. Son negocios, minas de oro. Quizá el futuro del ciclismo de élite pasa por ahí, por salirse del coto cercado por las reglas del Comité Olímpico Internacional. Crear su propia parcela, con su calendario de pruebas, con reglas adaptadas al nivel de exigencia de los patrocinadores y las televisiones. Y si no pueden participar en los Juegos Olímpicos, pues no pasa nada. Es un día cada cuatro años. Si se opta por el deporte como espectáculo, esa es la salida. ¿Se preocupa alguien de si los gimnastas del 'Circo del Sol' recurren a dopantes?
El código de Fuentes
Ahora bien, si se trata de conservar el espíritu deportivo de aquellos pioneros que descubrieron el Tourmalet, el ciclismo precisa una catarsis. Ya la hubo en Francia, en 1998, con el 'caso Festina'. Y luego en Italia y en Bélgica. Esta semana le ha tocado al deporte español. Una redada de la Guardia Civil se saldó con cinco detenidos: Eufemiano Fuentes; más Manolo Saiz, director del Liberty; José Luis Merino, gerente de una clínica para transfusiones; Ignacio Labarta, director del Comunidad Valenciana, y Alberto León, ex ciclista de mountain bike. Los agentes se incautaron de 200 bolsas repletas de sangre, de anabolizantes, EPO, hormonas de crecimiento y, además, de un lista con deportistas que se sometían a los planes de preparación de Fuentes, un médico, en teoría, retirado del deporte.
La Guardia Civil estudia ahora su código: los nombres en clave que aparecían en las bolsas. Muchas figuras del ciclismo, el atletismo, el boxeo y hasta el fútbol pueden estar escondidas tras esos apellidos simulados. Y hay grabaciones telefónicas y de vídeo. El laboratorio de Merino era un centro de peregrinaje para deportistas de toda Europa. España, según un informe en manos de la Agencia Mundial Antidopaje, es uno de los principales abastecedores del viejo continente. Contra todo eso ha ido la operación de la Guardia Civil, meses antes de que se apruebe la nueva ley antidopaje y el uso de sustancias ilegales en el deporte sea considerado ya como delito.
La investigación gira en torno a Fuentes. Hace dos años, uno de sus ciclistas, Jesús Manzano, diseccionó en el diario 'As' las prácticas de dopaje a las que él se sometió mientras fue corredor del Kelme. Lo confesó por venganza. Evidenció su total falta de ética deportiva. Traicionó la esencia de su deporte recurriendo a decenas de fármacos para elevar su rendimiento. No era diabético, pero tomaba insulina. No padecía impotencia, pero recurría al Androgel. Es un varón, pero se administraba hormonas femeninas. También es humano y por sus venas ha corrido el Actovegin, un preparado a base de sangre de ternera. Mide casi 1,80 metros y tiró de hormonas de crecimiento.... Y relató cómo después de una chapucera transfusión de sangre estuvo a punto de morir.
El ciclismo le repudió. En verdad, no era un ejemplo a seguir. Pertenecía al lado más oscuro. Era una vergüenza para su deporte. Lo malo es que, dos años después, la Guardia Civil ha puesto sobre la mesa las pruebas de aquel relato, de aquella escalofriante historia en la que uno de los protagonistas era Eufemiano Fuentes. Qué complicado se ha vuelto un deporte tan sencillo: el hombre contra la montaña, a solas, sin conservantes ni colorantes, sin supermanes. Sólo héroes. Como en 1910. Ahora tiene una oportunidad para volver.