 UN ÚNICO ERROR. Manu Arias cometió un error grave en una cesión, pero al final sin consecuencias. |
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| LA FICHA |
2-0 Alineaciones
Logroñés CF: Dorronsoro; Zuasti, Sergio Gámiz, Manu Arias, Gaizka Iriarte; Del Puente (Arrieta, m. 60), Lolo, José Ignacio, Adri; Ibarra (Fúriga, m. 49); y Goiria (Jordi, m. 90).
Peralta: Iñigo; Garde, Pericolo, Marcos (Edu Gonzalo, m. 63), Yosu; Luigui (Txiki, m. 77), Palacios, César Remón, Iñaki, Saúl (Ezkurra, m. 59); y Javi Sánchez.
El gol
1-0, (minuto 72): Lolo pone el tacón para enviar a la red el remate defectuoso de Arrieta desde fuera del área.
2-0, (minuto 84): Arrieta se saca un gran disparo desde 25 metros cerca de la línea de banda izquierda y el balón entra en la portería tras una gran parábola.
Arbitro
González González, del comité castellano-leonés, amonestó al local Ibarra en el minuto 40, y a los visitantes Pericolo (m. 11) y Saúl (m. 42).
Incidencias
Encuentro correspondiente a la última jornada liguera en el Grupo III de Segunda división B en la que el conjunto rojiblanco consiguió la salvación matemática. Cerca de 1.500 personas en las gradas del municipal.
El Yagüe recibió el homenaje de la afición local sobre el césped del municipal por su ascenso a Tercera división. |
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El Logroñés CF sintió durante más de setenta minutos lo que significa tirar una temporada. Durante todo este tiempo, el conjunto rojiblanco empataba a cero contra el colista de la categoría, el Peralta, y los resultados en los otros terrenos de juego con interés para los logroñeses eran los menos deseados, tanto que el equipo comenzaba a racionalizar -para evitar disgustos innecesarios- el hecho de descender de categoría.
Pero las revoluciones reciben este apelativo precisamente por su carácter sorprendente e irrepetible, porque cada segundo es único y vital. De nuevo, el Logroñés CF evidenciaba las mismas carencias de toda la temporada: desacierto en los pases más sencillos, incapacidad para profundizar con cierta regularidad, nerviosismo injustificado para definir en los metros finales, y hasta cierta frialdad en ciertas fases del partido.
Sin embargo, el Logroñés CF buscaba su héroe para comandar la revolución y lo encontró en la persona de Arrieta, quizás uno de los jugadores que contaba con menos números para serlo. Pero el fútbol es grande por estas pequeñas revanchas. Arrieta, un futbolista que llegó en diciembre para hacer goles y que se ha pasado más tiempo en la grada que sobre el césped, posibilitó la revolución en un conjunto encorsetado hasta el hartazgo.
Salió en el minuto 60 y para el 72 ya había dado el toque necesario, que no acertado, para que Lolo liberara el chorro de energía que este equipo llevaba soterrando desde hacía ya ni se sabe cuánto tiempo. Entonces sí. El partido se convirtió en lo que se espera de un conjunto que se está jugando la vida. El nerviosismo habitual de toda esta plantilla dio paso al nervio con el que debe jugar todo futbolista que se deje el alma en cada encuentro.
Arrieta puso las tripas al servicio de su equipo desde que salió al campo y su premio fue fantástico por atreverse a liderar la primera revolución de la tarde ayer. Un golazo que sentenciaba el partido a falta de seis minutos. La fase de permanencia estaba asegurada y ahora había que esperar que la pólvora encendida por Arrieta llegara a otros campos. Y como suele suceder en las grandes revoluciones, la mecha prendida en Logroño tuvo su continuidad en Reus. Osasuna B tiró de coraje y de motivaciones externas -por qué no decirlo- para remontar a domicilio el gol de los catalanes. La revolución del delantero donostiarra cristalizó la salvación en los minutos finales con los dos tantos de los navarros en Reus, que sirven para hacer pública una amistad duradera.
Alegría contenida
Y a pesar de la salvación, el Logroñés CF tiene pocos motivos para estar satisfecho. Su objetivo a principio de temporada no hay que perderlo de vista, la fase de ascenso, y ayer, gracias a otros conjuntos, el Logroñés CF se aseguró la permanencia por la vía rápida en un 'revolcón' final digno de infarto. Pero Las Gaunas ni rozó el ataque al corazón ni tampoco sonrió en exceso al final del partido. No había motivos. La temporada ha sido un suplicio desde el inicio y lo mejor fue el final de ayer. No por la emoción ni por el excelente premio conseguido, sino porque de una vez por todas este grupo de jugadores ha acabado la temporada y ha ahorrado a todos los aficionados al menos quince días más de competición, gracias.