El Correo Digital
Lunes, 29 de mayo de 2006
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OPINIÓN
EDITORIAL
Contra el transfuguismo
Las dos principales formaciones políticas del Parlamento español han dado muestra de un sentido de la responsabilidad que no abunda precisamente en el escenario político actual. Pese a las sempiternas malas relaciones que mantienen el PSOE y el Partido Popular, la comisión de seguimiento del Pacto Antitransfuguismo ha aprobado nuevas medidas contra ciertas conductas reprobables en las corporaciones locales. La trascendencia de este acuerdo, basado en un informe elaborado por el departamento del ministro Jordi Sevilla, al que se le han añadido unas alegaciones del PP, radica además en que a él se han unido todas las demás fuerzas parlamentarias. Entre las determinaciones que se han sellado con este pacto, figuran el compromiso de elaborar un informe sobre la conveniencia de prohibir la presentación de mociones de censura durante el primero y el último año de una legislatura, la extensión de la consideración de transfuguismo a la formación de mayorías con concejales que hayan abandonado la fuerza política por la que se presentaron a las elecciones, la creación de una comisión que determinará inapelablemente -en caso de no acuerdo entre los partidos- si hay, o no, transfuguismo, y la necesidad de reformar determinadas leyes para facilitar el cumplimiento del pacto. Con todo, es evidente que estas medidas no reducirán por sí solas la sensación creciente que experimenta la ciudadanía de que la corrupción se ha instalado en las corporaciones locales al socaire de la floreciente especulación urbanística.

Este acuerdo antitransfuguista -que no es el primero- debería complementarse con medidas de mayor calado, relacionadas con la transparencia de la planificación urbanística, el control estricto de las políticas municipales sobre la materia y la reforma del sistema de financiación de los entes locales. Incluso podría pensarse en una profunda reforma legislativa que redujera la descentralización de la competencia urbanística, de forma que el Estado y las comunidades autónomas pudieran imponer criterios generales en materia de políticas de suelo. Pero, ahora, lo justo es apreciar el hecho de que los partidos hayan sido capaces de llegar a un acuerdo de manera unánime.



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