La vida siempre deja huella. Al igual que los ancianos muestran en su cara el paso de tiempo, las obras de arte y, en particular, los lienzos son incapaces de ocultar los siglos que han formado parte de la historia de la humanidad. Para vitalizar las obras que posee el Museo de La Rioja, acaba de restaurar una colección de cinco cuadros barrocos del siglo XVII, que se encontraban en paupérrimo estado de conservación en los fondos del monasterio de San Millán de la Cogolla.
«Las cinco obras estaban muy degradadas. Además, del desgaste propio del paso del tiempo y las condiciones desfavorables de conservación, mostraban aspectos traumáticos. Sufrían rotos, desprendimientos de pintura, suciedad en la capa pictórica, parches de tela y algunas, incluso, pequeños trozos de balas de aquella época», analiza Arnaldo Lodosa, restaurador de las obras y licenciado en Bellas Artes en la especialidad de restauración.
Los cuadros, de autor desconocido y fechados en el siglo XVII, son un documento histórico importante de aquella época, de ahí la importancia y necesidad de su restauración. Cada una de las obras pictóricas ha requerido aproximadamente 350 horas de trabajo, que han sido repartidas entre las distintas técnicas utilizadas para simular, en lo posible, el estado del cuadro en el momento de su creación.
«La técnicas utilizadas para conservar esta obras son italianas. En España se empiezan a conocer ahora, pero en Italia hace años que se usan», matiza Lodosa, que aprendió a manejar estas disciplinas en Florencia cuando realizo un máster en restauración de obras de arte y documentos antiguos. Ahora emplea sus conocimientos en el taller 'Arte y Restauro'.
Para Lodosa, la intervención del restaurador no se debe diferenciar en exceso. Un entendido en la materia apreciará la diferencia, pero un profano en temas artísticos simplemente se deleitara con el conjunto, sin desentrañar la mano que reconstruyó el cuadro. «El restaurador no compite con el artista. Trata de integrar su aportación para que las imperfecciones anteriores no distraigan la visión del espectador», explica este logroñés, que lleva más de treinta años dedicados a esta humilde profesión.
Cada obra encontrada requiere un estudio completo de su situación y un plan de actuación. «No importa quién realice la restauración, el punto clave es que un comité de expertos recapacite sobre qué pasos se deben seguir para conservar un cuadro. En Italia esa filosofía es clave, aquí se conoce ahora», concluye Lodosa. Cada obra ofrecerá siempre su historia personal al espectador.