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Martes, 30 de mayo de 2006
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ECONOMÍA
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De la planta al bonsai
El centro se instalará en una parte de los terrenos que la Diputación vizcaína compró en 1992 para el proyecto de López Arriortua
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Hace catorce años, que se dice pronto, los terrenos de Amorebieta en los que ahora va a implantarse el centro tecnológico de automoción fueron adquiridos por la Diputación de Vizcaya como principal aportación al sueño del ingeniero José Ignacio López Arriortua: construir una fábrica de ensamblaje de turismos en su localidad natal. En realidad, esta iniciativa ocupará una mínima parte de aquel millón de metros cuadrados que el Ejecutivo foral compró por 12 millones de euros a un avispado hombre de negocios, que a su vez los había adquirido una veintena de años atrás cuando alguien le dio el 'soplo' -inexacto, eso sí- de que se podía ubicar allí la nueva feria de muestras, que al final fue a parar a Barakaldo.

En 1992, todavía a rebufo de la crisis industrial que había desmadejado buena parte de las empresas tradicionales, la clase política vasca andaba sin resuello a la búsqueda de la 'lámpara de Aladino' o, en su defecto, de alguna multinacional que sacase a Euskadi de la depresión colectiva que sufría. Y el asunto venía un poco revirado. Tan sólo un par de años antes, la Diputación de Vizcaya ya se había pasado de frenada con otro megaproyecto fracasado, que preveía la instalación de una factoría -qué casualidad, también en Amorebieta, aunque en otro emplazamiento- para fabricar alas con destino al avión' MD 12' de McDonell Douglas. Una aventura en la que se iban a invertir 2.000 millones de euros; es decir, más de 300.000 millones de pesetas de las de 1990. Ahora, con perspectiva histórica, hay que convenir que alguien debió perder su amuleto de la buena suerte en aquella aventura: el avión no se llegó a hacer nunca; Dye, la empresa vasca que abanderaba la operación, quebró; y McDonell fue absorbida por Boeing un minuto antes de desaparecer víctima de su propia crisis.

Allí, con las alas y los aviones -todo enorme, por supuesto- comenzó una especie de montaña rusa que se arrastraría durante seis años. A un anuncio ilusionante que dibujaba una megainversión le seguía, invariablemente y con tan sólo unos meses de distancia, un jarro de agua fría.

Sube y baja

La posición de López Arriortua como vicepresidente y responsable de compras de Opel supuso la primera subida acelerada. Mientras la Diputación adquiría los terrenos y una peña de entusiastas se cambiaba el reloj a la muñeca derecha como símbolo de compromiso con el proyecto -el entonces diputado general de Vizcaya, José Alberto Pradera; el ex presidente de la BBK José Ignacio Berroeta y el ex líder del PNV Xabier Arzalluz, a la cabeza de la manifestación-, en la compañía automovilística se dibujaban algunos planos y comenzaban a negociar -eso sí, tímidamente- con representantes del BBV y de algunas empresas vascas del sector de componentes de automoción.

Y en eso, López Arriortua fue nombrado vicepresidente y responsable de compras de General Motors en Estados Unidos. «Ahora mejor», dijo al unísono el coro de representantes políticos que empujaba el proyecto. (Opel esfilial europea de la multinacional norteamericana). Pues no fue así.

«¿Ahora sí que sí!», repetía el coro cuando 'Superlópez' decidió dar un portazo a General Motors y protagonizar un más que polémico fichaje -trufado de acusaciones de espionaje industrial- por Volkswagen. Pues tampoco. La crisis de Seat, la filial española del grupo, convertía en algo antiestético que Volkswagen construyese una fábrica en Amorebieta, mientras despedía a 4.900 trabajadores en Barcelona. Incluso, hubo un último intento en 1998, cuando la BBK financió con 3 millones de euros la construcción de un prototipo de turismo -bautizado como Loar, iniciales de López Arriortua-, que no pasó a mayores.



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