Las grúas quieren ser consideradas como vehículos de emergencia, al igual que las ambulancias o los camiones de Bomberos, cuando acuden a un accidente para retirar un obstáculo de la calzada. Pese a tratarse de empresas privadas, desempeñan una «función social» fundamental para que el tráfico fluya, en palabras de Joaquín Herrero, presidente de la Asociación Vasca de Empresas de Auxilio en Carretera (ABEAC), que aglutina a 300 grúas de asistencia en el País Vasco, el 40% de ellas con base en Vizcaya.
«No somos simples camioneros que cargamos y descargamos refrescos, sino transportistas especiales que trabajamos las 24 horas», advierte Herrero. Para realizar este sensible servicio público, el sector reclama «facilidades», tales como poder circular por el arcén y llevar rotativos luminosos en mitad de un embotellamiento con el objetivo de llegar con rapidez al punto del siniestro. «A veces lo hacemos por nuestra cuenta y riesgo, pero podrían multarnos. Queremos que nos bendigan», sentencia Herrero. Además, para que las grúas disfruten de la condición de vehículo de urgencia resulta imprescindible «concienciar» a los conductores de que tienen que facilitarles el paso y apartarse. También proponen copiar una sencilla medida que se aplica en ciudades como Madrid o Barcelona: habilitar carriles reversibles en función de la afluencia. «¿Por qué no se hace aquí?», se preguntan.
«De media, tardamos unos 30 minutos en llegar a un accidente, pero luego tenemos que esperar allí otra hora mientras se realiza el atestado. Hasta que la Ertzaintza no termina, no no nos dejan retirar el vehículo. Encima, si el conductor no tiene seguro, no cobramos; nadie nos paga ese tiempo ni el servicio, el 112 se lava las manos y tenemos que reclamar la factura directamente al usuario», protesta el representante de los gruistas.
El coordinador de Tráfico del Gobierno vasco, Ramón Alegría, apuntó en una entrevista a raíz del último gran atasco en la red viaria vizcaína provocado por el vuelco de un camión cargado de chatarra en el corredor del Txorierri, que «la clave» en la gestión eficaz de los accidentes y sus posteriores repercusiones en la circulación, se encuentra en «la respuesta rápida de las grúas». En opinión del presidente de ABEAC, «la solución no pasa por culpabilizar a nadie». «Seguramente, somos los más capacitados después de la Policía de Tráfico para resolver atascos y, sin embargo, no nos han invitado a ninguna de las mesas de seguridad vial», se queja Herrero.
Pelea con los seguros
En este sentido, Tráfico tiene previsto mantener «próximamente» una reunión con los representantes del sector «para abordar su trabajo en la carretera», ya que son «una parte importante en la resolución de los incidentes y en la reducción de los atascos», reconoce un portavoz de Interior. Las grúas, por su parte, se muestran dispuestas a «ayudar en todo lo posible para que las carreteras queden expeditas cuanto antes». Por vías, la autopista, y concretamente la Solución Sur, entre Bilbao y Cruces, acapara gran parte de las llamadas. Para Herrero, «la A-8 es terrible». El último ejemplo se vivió ayer. Una colisión entre un camión y un coche en el túnel de Malmasin hacia a San Sebastián generó colas hasta Barakaldo durante horas.
Otro de los aspectos que ralentiza la gestión de los accidentes surge en la «pelea de los seguros». El centro coordinador está obligado a llamar a las compañías de los vehículos implicados, cuya sede central está muchas veces en Madrid. El contacto telefónico a distancia complica la resolución, que a veces puede demorarse el tiempo suficiente y extender el colapso viario hasta el despropósito.