Las imágenes de los últimos días han presentado los entrenamientos de la selección brasileña como una fiesta, en la que miles de aficionados han sido capaces de aplaudir hasta al utillero cuando sale al campo con la bolsa de los balones y los conos. Sin embargo, pocas veces se repara en la cantidad de periodistas que acompañan al combinado 'canarinho' y que representan un verdadero cuarto poder en lo que atañe a los asuntos del fútbol. En esta ocasión son cerca de quinientos los informadores que siguen a su selección y este número se doblará durante la Copa del Mundo.
Romario ya decía que hablaba con reporteros que habían dado consejos a Pelé, por lo que no podía discutir con ellos; Rivaldo se sentía menospreciado por no ser de Río ni de Sao Paulo, pero jamás negó una entrevista; Ronaldo pide disculpas por no atender en la zona mixta en una tarde lluviosa. Estos detalles de algunos de los más grandes son suficientemente ilustrativos de la consideración o del temor que se tiene hacia la Prensa en el seno de la CBF.
Generalmente, el régimen de convivencia entre periodistas y jugadores es total, aunque en esta Copa del Mundo se modificará. Siempre viajan juntos en el avión y esa costumbre no ha variado. Tampoco el barreño lleno de cervezas y hielo que existe en la zona posterior de la nave, donde futbolistas e informadores participan del líquido y la charla. Los hoteles son asimismo compartidos, pero no en este torneo, lo que ha provocado los primeros temores: en Francia 98 se atribuyeron los males que afectaron a Ronaldo el día de la final a la estricta concentración.
La selección, en directo
Toda entrevista sirve y se transmite en directo cualquier cosa. La sala de prensa del Thermoplan Arena es, a las nueve de la mañana, un hervidero de gritos, aplausos y carreras. Lo más notable es que, a causa del huso horario, todo ese jaleo se escucha en Brasil a las cuatro de la madrugada. Madres, padres, hermanos, primos o amigos de los jugadores y técnicos; el niño que recibe un balonazo, esa chica que irrumpe en el césped, otros periodistas, la empleada de la limpieza: no se prescinde de ningún testimonio, por peregrino que éste pueda parecer.
Brasil no sería lo mismo sin sus periodistas, que poseen una entereza remarcable para aguantar en la zona mixta el acoso de sus propios compañeros. Resulta edificante introducirse en el bosque de manos, grabadoras, cámaras, empujones, micrófonos y alaridos que componen esa área. Una muestra es que al término de una de esas zonas mixtas, en un partido ante la selección catalana, aparecieron en el suelo un bloc de notas, unas gafas, una credencial, bolígrafos y un inexplicable calcetín negro. Los informadores se quejan, pero no podrían vivir sin ello.
El poder de los medios de comunicación no conoce límites. En una rueda de prensa para anunciar la convocatoria de un partido, un periodista levantó la mano para llamar la atención sobre el olvido de un nombre en la lista. Cuando se le contestó que ese futbolista no estaba citado, el reportero organizó tal revuelo que se suspendió la conferencia. En otra ocasión, se reprochó con dureza al seleccionador el hecho de que Brasil era el equipo menos goleado del torneo, lo que demostraba claramente su juego defensivo. Las anécdotas son innumerables y también las polémicas, pero estos periodistas, entre los que se encuentran ex futbolistas como Tostao o Falcao, son uno de los principales motores de la magia de la selección brasileña.