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Jueves, 1 de junio de 2006
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO La publicidad, esa ciencia comercial que nos anima a comprar cualquier producto, se va poco a poco modernizando y recorriendo caminos insospechados, a veces incluso divertidos y curiosos. Lo pueden ustedes comprobar al ver en la TV cualquiera de sus anuncios. Veamos por ejemplo los detergentes. Al principio, los detergentes envasados, se conformaban con ofrecer un producto que lavaba más blanco. Pero quedó trasnochado al aparecer detergentes lavando más blanco que los anteriores y hubo que buscar nuevos trucos publicitarios. Así fueron apareciendo detergentes que además de lavar mas blanco, dejaban la ropa suave, perfumada, y algunos hasta con el aroma que tienen las flores del Pirineo o con el frescor de los Alpes.

Estas dos últimas habilidades de los modernos detergentes (todos ellos, por supuesto, biodegradables) resultan sumamente curiosas. Yo entiendo que un detergente tenga olor a las flores de los Pirineos, porque supongo que dichas flores existen y tienen su aroma. Y los fabricantes han podido ir a los Pirineos, traerse un paquete de flores, analizarlo, sintetizar su aroma e incluirlo en el jabón. Lo que me resulta mas difícil de meter en una caja de detergente es la frescura de los Alpes. ¿Como es? ¿En qué consiste? ¿Cómo se reproduce para poder incluirlo en un detergente? Misterios y prodigios de la moderna química comercial.

Un hecho similar al de los detergentes ocurrió también con los yogures. Al principio no eran más que el producto de la leche fermentada, pero pronto comenzaron a surgir yogures con sabor a frutas, que ayudan a las defensas naturales, que rebajan el colesterol, que combaten la hipertensión, que incorporan la dieta mediterránea... y, a este paso, ya lo verán, acabaremos viendo yogures que previenen la calvicie.

Pero hoy quería hablarles de un anuncio que me dejó turulato. El anuncio prometía más tiempo para soñar, para disfrutar, para ver un partido e incluso para jugar con los niños. ¿Y cómo creen que se puede lograr todo eso? Pues pura y simplemente comprando bacalao desalado. Lo que no aclaraba el anuncio es cómo se puede tener más tiempo para jugar con los niños. Se lo tendrán que preguntar ustedes a los que venden ese prodigioso bacalao.



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