El Correo Digital
Viernes, 2 de junio de 2006
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Cartas con sorpresa
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DE CUANDO EN CUANDO OLMO Incluyen en la carta un regalo y he tenido ya varios que pueden considerarse como sorprendentes. Se lo cuento porque no deja de ser curioso. En cierta ocasión, hace ya 18 años, recibí la carta de un señor que coleccionaba las historietas de Don Celes para regalárselas a su nieto de 6 años y me pedía por favor un dibujito para que sirviera de portada al álbum que había confeccionado. Yo le contesté que estaba encantado de complacerle pero que necesitaba saber el tamaño del álbum y que esperaba sus noticias, pero no volvió a escribirme.

Pasó el tiempo sin noticias suyas hasta que diez años más tarde recibo la carta de una hija de aquel señor del álbum notificándome que había fallecido y que entre sus papeles habían encontrado la carta mía y el álbum de historietas para el nieto, que tenía ya 16 años. La señora me decía que el nieto (su sobrino) seguía acordándose mucho de su abuelo y se atrevía a pedirme en su nombre aquel dibujo de portada para su álbum. Y por supuesto se lo envié encantado. Algunos días más tarde recibí en el periódico su carta de agradecimiento, acompañada de un curioso y largo envoltorio. Era un precioso bastón negro con mis iniciales en el puño dorado que la señora me enviaba en nombre de su padre. Lo conservo (y a veces incluso lo utilizo) con auténtico cariño.

En otra ocasión se me ocurrió comentar en este rincón periodístico el hecho curioso de que con la invasión del plástico, habían desaparecido del mercado aquellas tradicionales escobas con el mango de caña y el penacho de algarabía. Y como este vocablo les sonará extraño se lo traduzco: «Algarabía.- Planta anual silvestre de la familia de las escrofulariáceas, con hojas lanceoladas y tormentosas y flores amarillas. De esta planta se hacen escobas». La respuesta a este comentario me la envió un comerciante, asegurándome que se seguían vendiendo aquellas tradicionales escobas, enviándome como prueba una de las de siempre, de las de caña y penacho de paja, que conservé bastantes años hasta que se me perdió el día en que me mudé de domicilio.

A estos dos regalos que acabo de citarles se añade ahora otro más que también resulta curioso y simpático, pero como la cosa requiere unas líneas de explicación y creo que merece la pena, de ello hablaremos mañana, contando como siempre, y por supuesto, con la amabilidad de mis lectores.



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