El Correo Digital
Domingo, 4 de junio de 2006
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Bomberos y pirómanos
Dejemos a un lado la difícil conciliación entre esos temores de ruptura y la voluntad «verificada» de ETA de mantener el alto el fuego. El hecho es que el anuncio de Patxi López, avalado por Zapatero, ha tenido efectos balsámicos en Batasuna. No lo han recibido con alborozo -no es su estilo: lo suyo es el victimismo y el enojo permanente- pero al menos ha servido para salvar en parte la situación (Permach) y para garantizar que el posible encarcelamiento de los líderes de Batasuna podría provocar un serio colapso del proceso, pero no su ruptura (Álvarez).

Bien está que las cosas no vayan a más. Pero el bálsamo de unos ha sido para otros un trago amargo: el PP se ha sentido burlado y muchas víctimas del terrorismo han vuelto a expresar su desconfianza hacia el Gobierno. No sé si se han tenido en cuenta estos efectos, de ninguna manera secundarios. ¿Ocurrirá lo mismo cada vez que Batasuna agite la caja de los fósforos? ¿No habrá que recordar a Batasuna que no es tiempo de órdagos, que la más mínima chispa tendría como principal efecto su propio suicidio a lo bonzo y que, en cualquier caso, el único obstáculo para la paz es su impenitente actitud remisa ante la violencia?

No puede ser que cada vez que Batasuna amague con encender la cerilla que prenda fuego al proceso de paz el Partido Socialista se sienta compelido a hacer algo que apacigue al pirómano. Como nos ha contado este diario, el anuncio de una próxima reunión formal entre el PSE y Batasuna buscaba tranquilizar a la formación abertzale en un momento en que Otegi y otros siete de sus dirigentes debían comparecer ante el juez Grande-Marlaska. Entre los responsables del socialismo vasco existía el convencimiento de que el proceso abierto hace apenas dos meses podía frustrarse si no se producía algún movimiento que Batasuna pudiera apuntarse como un tanto ante los suyos: nos encarcelan pero nos reconocen como interlocutores necesarios.

Dicho esto, el PP debería dejar de utilizar el motete 'ETA-Batasuna'. Batasuna no es ETA. Si lo fuera, el Estado de Derecho llevaría años permitiendo a los terroristas circular sin mayores problemas por nuestras calles, y hasta comparecer ante el tribunal especial para las causas por terrorismo para a continuación salir en libertad. Años, digo: también en la época de Mayor Oreja, Rajoy o Acebes. No hagamos que las palabras vuelvan imposible lo que por primera vez en cuatro décadas la realidad puede permitir.

Se hablará, pues: con ETA y con Batasuna. ¿Cuándo, de qué, con qué resultado? Lo que sea sonará. Pero una cosa está clara: el Gobierno de Zapatero no va a pagar precio político ninguno. Primero porque no quiere (es el compromiso adquirido ante el Congreso) y segundo, porque no puede: hay un Estado de Derecho y hay unos ciudadanos que no se lo permitirían. Puedo entender que se desconfíe de lo primero, pero no que se desprecie lo segundo. Menos aún si quienes lo hacen son organizaciones que tanto dicen confiar en «la calle» y en «las leyes» para impedir dicho pago.

i.zubero@diario-elcorreo.com



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